Cuando Wifredo emprende la marcha con su particular “fonsado” desconoce la existencia del puente de Bars, pero durante una parada en el camino, uno de sus exploradores vuelve de forma apresurada al campamento, dada la importancia de la noticia: El Obispo-Conde Armengol de Urgell ha muerto, mientras construía en puente, al norte, en la zona de Bars, para pasar a Cerdaña.
Esta noticia afianza aún más a Wifredo en la necesidad de su expedición, y disipa las dudas de quien aún albergara alguna sobre su necesidad o conveniencia, pues un puente al norte, teniendo en cuenta los caminos ya existentes, tan solo puede tener una finalidad: hacer a Berga más vulnerable. Con lo que siendo de todos conocida la tradicional política expansionista de los de Urgell, aquella construcción conlleva la necesidad inmediata de tomar las contramedidas oportunas, con lo que no parece tan descabellada la larga marcha emprendida.
Lo indicado arriba forma parte de la historia narrada en El Códice Negro, y también, en parte, más allá de la ficción histórica, de la Historia dejada por los cronistas del momento para la posteridad, pues el año 1035 fue muy prolífico en hechos relevantes para el mundo de su época, y uno de ellos fue, como ya se ha dicho, la muerte de Armengol, obispo de Urgell, durante las obras de construcción del puente de Bars, aunque según cuentan esos cronistas esta infraestructura se construía con finalidad únicamente comercial, para fomentar el tránsito entre las comarcas norteñas de Urgell y Cerdaña.
Al amparo de aquella construcción, de hace casi 1000 años, nació una población, El Pont de Bar, que se constituyo como municipio en 1970, aunque la obra que le dio nombre fue destruida por una riada en 1982.
Información sobre la imagen:
Fotografía de archivo El Pont de Bar extraída de la web:
Capítol de Germans Cavallers de Sant Ermengol
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sábado, 3 de noviembre de 2012
martes, 23 de octubre de 2012
San Miguel de Cuixá: un coenobĭum en la cuna de Wifredo el Velloso
Wifredo el Velloso (Guifré el Pilós en catalán) y San Miguel de la Cuixá (en catalán Sant Miquel de Cuixà) ¿una extraña pareja? Tal vez, a día de hoy solo tienen en común la piedra, en la que está construido uno y con la que se esculpen las estatuas que representan al otro, pero en su momento no fue así.
Este monasterio se encuentra en la localidad de Prada de Conflent, actualmente en Francia pero que durante siglos se incluyó en los territorios de la Casa de Cerdaña, como capital del condado de Conflent. San Miguel de la Cuixá se construyó, entorno al siglo IX, como cenobio dependiente de la abadía de San Andrés de Eixalada, que se encontraba en la misma comarca.
Por su parte Wifredo el Velloso, además de su principal logro, ser el primer conde pseudoindependiente de la Marca Hispánica, fue el noble que acogió bajo su protección a este monasterio y con ello, debió a las donaciones y obras que esta gracia le conllevó, se separó del ya mencionado de San Andrés y comenzó a tener relevancia propia, dentro del conjunto de estructuras religiosas de los Condados. Tanta, que buena parte de la actividad del Abad Oliba, incluso el cese de la misma con su muerte, se realizó desde este emplazamiento, tanto como desde Santa María de Ripoll.
En cuando a la influencia “territorial” de Wifredo el Velloso se debe a que fue el primer conde que dejó sus territorios en herencia a sus hijos, pues antes de él los condados no los heredaban aquellos, sino que a la muerte del conde titular el rey de Francia, soberano de la Marca Hispánica, sombraba un nuevo conde que no tenía por qué tener relación con el anterior. Aunque, pese a la actualización legal del Velloso, los condes al heredar debían rendir pleitesía al Francés y ser ratificados por éste en su cargo. No fue hasta que el condado de Barcelona estuvo regido por Borrell II, cuando se rompe el vasallaje con los reyes de Francia, al pedir el conde ayuda ante el ataque de Abu Amir Muhammad ben Abi Amir al-Ma afirí, para los amigos simplemente Almanzor, y no ser socorrido por su soberano. Pero la independencia plena de Francia, se produce ya con los Condados integrados en la Corona de Aragón, con el Tratado de Corbeil, firmado el 11 de mayo de 1258, entre Jaime I el Conquistador y Luis IX de Francia.
En El Códice Negro San Miguel de la Cuixá aparece cuando se hace mención al hijo de menor de Wifredo, conde de Berga, y entonces sale a relucir que ya que este hijo no va a heredar el condado está instruyéndose en este emblemático monasterio en Prades, cuna del otro Wifredo, el Velloso, donde, además, está como en su casa al estar en un territorio de su familia.
Por último, queda presentar excusas por el “pegotazo” en el título de este artículo: coenobĭum, el término en latín del cenobio, que no es otra cosa que un monasterio. Pero como, ya hace años, decía unos de mis profes en la universidad, “las frases en la latín siempre quedan bien, pero no hay que copiarlas”, pues eso que algún palabro en latín, en un texto de este tipo, siempre queda bien.
Información sobre la imagen:
Extraída del artículo de Wikipedia dedicado a San Miguel de la Cuixá
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domingo, 21 de octubre de 2012
Los palabros en latín, siempre quedan bien
En El Códice Negro, dada la época en la que se desarrolla, en ocasiones y para determinadas cuestiones, aparecen palabros-términos en latín, no con intención de mostrar una especial erudición por parte del autor sino para acentuar la ambientación de la historia.
La aparición de estas palabras en latín no implica que para leer El Códice Negro haya que tener a mano un diccionario latín-castellano, no, eso no es necesario, pues cuando el término requiere ser traducido para una adecuada comprensión del mismo, son los propios personajes quienes lo explican en el transcurso de la acción en la que se incluye.
Consecuencia, cuando leyendo vea uno de estos términos latinos, siga leyendo, no se extrañe por su aparición, pues el narrador y los personajes se encargaran de ponerla en su justo valor dentro del contexto en que se encuentre.
Información sobre la imagen:
Extraída de la web http://www.aplicaciones.info/latin/latin.htm
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lunes, 17 de septiembre de 2012
El Ecce Homo y la “Eccehoma”
Mucho se ha hablado este verano del Ecce Homo, a consecuencia de una memorable restauración artística, que ha sido objeto de amplio reconocimiento. Pero no es ese el Ecce Homo al que se hace referencia en este texto, sino al que tiempo antes quedó plasmado en El Códice Negro.
El Ecce Homo, palabro en latín, del Evangelio de San Juan (19:5), se refiere a las supuestas palabras de Poncio Pilato “He aquí el hombre” cuando como gobernador romano presentó a Jesús de Nazaret, a la muchedumbre que pedía justicia sobre aquel alborotador.
El término Ecce Homo, cuando se eliminan las mayúsculas y los espacios y queda reducido a eccehomo, ya no hace mención en el sentido evangélico del término, sino a la prosaica, en tanto que describe a una persona, cualquiera, como alguien lacerado, de lastimoso aspecto, como se señala en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua.
En este último sentido es como aparece en El Códice Negro, empleando un palabro aún más palabro si cabe, licencia del autor, como es “eccehoma” con el que Raquel se refiere a sí misma durante la visita a un amigo que se encuentra dirigiendo las tareas de fundido de hormigón para un puente en las proximidades de Alberic-Valencia, donde dadas las circunstancias se ensucia de forma considerable su indumentaria.
Evidentemente la palabra “eccehoma” no existe, en todo caso, ponerse ilustrada sería “eccemulier”, pero Raquel lo emplea de forma coloquial al mirarse a sí misma con cierta sorna, como una feminización premeditada del término correcto: eccehomo.
Información de la imagen:
Ecce homo, pintura de Antonio Ciseri, representanción de lo expuesto por San Juan
Imagen extraída de la web Bogo
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El Ecce Homo, palabro en latín, del Evangelio de San Juan (19:5), se refiere a las supuestas palabras de Poncio Pilato “He aquí el hombre” cuando como gobernador romano presentó a Jesús de Nazaret, a la muchedumbre que pedía justicia sobre aquel alborotador.
El término Ecce Homo, cuando se eliminan las mayúsculas y los espacios y queda reducido a eccehomo, ya no hace mención en el sentido evangélico del término, sino a la prosaica, en tanto que describe a una persona, cualquiera, como alguien lacerado, de lastimoso aspecto, como se señala en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua.
En este último sentido es como aparece en El Códice Negro, empleando un palabro aún más palabro si cabe, licencia del autor, como es “eccehoma” con el que Raquel se refiere a sí misma durante la visita a un amigo que se encuentra dirigiendo las tareas de fundido de hormigón para un puente en las proximidades de Alberic-Valencia, donde dadas las circunstancias se ensucia de forma considerable su indumentaria.
Evidentemente la palabra “eccehoma” no existe, en todo caso, ponerse ilustrada sería “eccemulier”, pero Raquel lo emplea de forma coloquial al mirarse a sí misma con cierta sorna, como una feminización premeditada del término correcto: eccehomo.
Información de la imagen:
Ecce homo, pintura de Antonio Ciseri, representanción de lo expuesto por San Juan
Imagen extraída de la web Bogo
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domingo, 16 de septiembre de 2012
Del catalán Boira | Boria en murciano
La “i” de la cuestión
La “i” es una letrica muy de moda últimamente pues casi todo lo tecnológico, para identificarse como tal al instante, lleva antes de la palabra en cuestión una “i” y en algunas ocasiones una “e”. Pero la importancia de la modesta “i” latina viene de antiguo, haciendo con su sola presencia que palabras que hacen referencia a idéntico concepto parezcan distintas.
Ese es el caso de la niebla, no de la organización esotérico-secreta de que se supone fue miembro Julio Verne a mediados del siglo XIX, sino de la niebla como tal, la que forman las nubes cuando les da por arribarse demasiado a tierra, es decir, nubes bajas.
Bien, este fenómeno meteorológico recibe una gran diversidad de nombres según la zona, pero tratándose de un blog sobre El Códice Negro, la mención será a las dos formas con las que aparece en la historia, además de cómo niebla o bruma: Boira y Boria. Nótese que tan solo la “i” cambia de lugar en una y otra palabra.
Boira, es el término catalán para referirse a la niebla.
Mientras que en la ya, casi, extinta Lengua de Murcia a este fenómeno se hace referencia con el término Boria.
Información de la imagen:
El Río Segura a su paso por Murcia, con el Puente de los Peligros al fondo
y una tupida boria.
Fotografía extraída de la web Tiempo.com
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Ese es el caso de la niebla, no de la organización esotérico-secreta de que se supone fue miembro Julio Verne a mediados del siglo XIX, sino de la niebla como tal, la que forman las nubes cuando les da por arribarse demasiado a tierra, es decir, nubes bajas.
Bien, este fenómeno meteorológico recibe una gran diversidad de nombres según la zona, pero tratándose de un blog sobre El Códice Negro, la mención será a las dos formas con las que aparece en la historia, además de cómo niebla o bruma: Boira y Boria. Nótese que tan solo la “i” cambia de lugar en una y otra palabra.
Boira, es el término catalán para referirse a la niebla.
Mientras que en la ya, casi, extinta Lengua de Murcia a este fenómeno se hace referencia con el término Boria.
Información de la imagen:
El Río Segura a su paso por Murcia, con el Puente de los Peligros al fondo
y una tupida boria.
Fotografía extraída de la web Tiempo.com
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sábado, 15 de septiembre de 2012
Los idiomas-lenguas de El Códice Negro
La historia está escrita íntegramente en castellano, pero teniendo muy presente que se desarrolla en el siglo XI en una zona de frontera, y que los personajes son de muy distintas procedencias, tanto los actualices como los del mencionado siglo.
Consecuencia de ello, aparecen términos de latín, que no han sido traducidos, unos porque no es preciso, y otros porque los personajes en su conversación explican que es o a que se refiere el termino en cuestión. También está presente esta lengua en los aspectos religiosos.
En el caso del catalán también está presente, mediante en nombre de personas o lugares, principalmente, que no han sido traducidos, por ser en la mayoría de los casos de conocimiento común y cotidiano, además de ayudar a situar más adecuadamente el relato.
Murcianismos, también están presentes al ser parte de los personajes de esta procedencia, de forma que su habla quedé más natural dentro del contexto.
Términos en francés, en esta época a los Condados Catalanes se les seguía considerado la Marca Hispánica, además de tener grandes sinergias con Occitania y en particular con el Languedoc, lo que hace que las referencias a la lengua de los francos sea una constante, además de al provenzal.
Por supuesto no podían faltar términos árabes, eran la frontera Sur y en consecuencia su influencia también aparece en el texto. Al igual que algún otro en navarro, da la embajada de Ramiro a los condados y de Wifredo a Olite.
Pese a todo ello, no es preciso leer El Códice Negro con los diccionarios en la mano, pues todos estos términos quedan claros por el contexto en que se emplean, porque los explica el narrador, o porque son detallados por los personajes. Con lo que, además, no son necesarias notas aclaratorias a pie de página.
Información de la imagen:
Fotografía del Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, en 2 volúmenes
Extraido de la web Poemas para el Alma
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Consecuencia de ello, aparecen términos de latín, que no han sido traducidos, unos porque no es preciso, y otros porque los personajes en su conversación explican que es o a que se refiere el termino en cuestión. También está presente esta lengua en los aspectos religiosos.
En el caso del catalán también está presente, mediante en nombre de personas o lugares, principalmente, que no han sido traducidos, por ser en la mayoría de los casos de conocimiento común y cotidiano, además de ayudar a situar más adecuadamente el relato.
Murcianismos, también están presentes al ser parte de los personajes de esta procedencia, de forma que su habla quedé más natural dentro del contexto.
Términos en francés, en esta época a los Condados Catalanes se les seguía considerado la Marca Hispánica, además de tener grandes sinergias con Occitania y en particular con el Languedoc, lo que hace que las referencias a la lengua de los francos sea una constante, además de al provenzal.
Por supuesto no podían faltar términos árabes, eran la frontera Sur y en consecuencia su influencia también aparece en el texto. Al igual que algún otro en navarro, da la embajada de Ramiro a los condados y de Wifredo a Olite.
Pese a todo ello, no es preciso leer El Códice Negro con los diccionarios en la mano, pues todos estos términos quedan claros por el contexto en que se emplean, porque los explica el narrador, o porque son detallados por los personajes. Con lo que, además, no son necesarias notas aclaratorias a pie de página.
Información de la imagen:
Fotografía del Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, en 2 volúmenes
Extraido de la web Poemas para el Alma
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domingo, 2 de septiembre de 2012
Rolando, Roldán, Orlando, Roland, o los 1.000 nombres del sobrino de Carlomagno
Roland es históricamente el sobrino del emperador Carlomagno y uno de los doce Pares de Francia. Aunque poco más se puede decir de él, ya que el personaje se va diluyendo en los cantares de gesta, en la novela de caballerías e incluso en un pseudogénero de sí mismo, con una gran cantidad de literatura, una más renombrada que otra, que le tiene como epicentro empleando los distintos nombres con los que se le conoce, como pueden ser Orlando de Virginia Woolf, Orlando Furioso de Ludovico Ariosto, Orlando Enamorado de Matteo Maria Boiardo, El Bernardo de Bernardo de Balbuena, etc.
Otra variante de las historias de Orlando viene de la mano de su espada, una especie de Excalibur a la gala, la famosa, aunque menos conocida que su colega, Durandal, también en una roca clavada a la muerte de su dueño, y cuyo “poder” no proviene de las artes de magos y druidas sino de las reliquias cristianas que guarda.
La mitología de Roldán es muy variada, ya que despeñó rocas en batallas, combatió en Tierra Santa, guerreó en tierras hispanas, participó en Las Cruzadas, fue rey de Francia, murió en Roncesvalles a manos de los visigodos, estuvo en el sitio de Zaragoza, pasó por El Bierzo, abrió pasos en las montañas, partió rocas con su espada, también murió en Jerusalén, tuvo andanzas por Italia, etc.
En El Códice Negro, Rolando aparece de boca de Leodovico, cuando éste a requerimiento de Wifredo le cuenta cantares de guerras, de caballeros, de héroes, de hazañas épicas, y en algunas de ellas el sobrino de Carlomagno es un personaje destacado y en otras el protagonista. También doña Agnès conoce historias de Rolando, tanto las que recita el juglar como las de su espada en Rocamadour, aunque ella las conoce en la lengua de francos del norte, por su educación conventual en las proximidades de París.
Información de la imagen:
Extraída de Dialnet, de la entrada correspondiente a El cantar de Roldán, en traducción de Benjamín Jarnés y editado en 2003 por Alianza Editorial. Para ir esta ficha pulse aquí.
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Otra variante de las historias de Orlando viene de la mano de su espada, una especie de Excalibur a la gala, la famosa, aunque menos conocida que su colega, Durandal, también en una roca clavada a la muerte de su dueño, y cuyo “poder” no proviene de las artes de magos y druidas sino de las reliquias cristianas que guarda.
La mitología de Roldán es muy variada, ya que despeñó rocas en batallas, combatió en Tierra Santa, guerreó en tierras hispanas, participó en Las Cruzadas, fue rey de Francia, murió en Roncesvalles a manos de los visigodos, estuvo en el sitio de Zaragoza, pasó por El Bierzo, abrió pasos en las montañas, partió rocas con su espada, también murió en Jerusalén, tuvo andanzas por Italia, etc.
En El Códice Negro, Rolando aparece de boca de Leodovico, cuando éste a requerimiento de Wifredo le cuenta cantares de guerras, de caballeros, de héroes, de hazañas épicas, y en algunas de ellas el sobrino de Carlomagno es un personaje destacado y en otras el protagonista. También doña Agnès conoce historias de Rolando, tanto las que recita el juglar como las de su espada en Rocamadour, aunque ella las conoce en la lengua de francos del norte, por su educación conventual en las proximidades de París.
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Extraída de Dialnet, de la entrada correspondiente a El cantar de Roldán, en traducción de Benjamín Jarnés y editado en 2003 por Alianza Editorial. Para ir esta ficha pulse aquí.
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