Mostrando entradas con la etiqueta borrell II. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta borrell II. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de octubre de 2012

San Miguel de Cuixá: un coenobĭum en la cuna de Wifredo el Velloso


Wifredo el Velloso (Guifré el Pilós en catalán) y San Miguel de la Cuixá (en catalán Sant Miquel de Cuixà) ¿una extraña pareja? Tal vez, a día de hoy solo tienen en común la piedra, en la que está construido uno y con la que se esculpen las estatuas que representan al otro, pero en su momento no fue así.



Este monasterio se encuentra en la localidad de Prada de Conflent, actualmente en Francia pero que durante siglos se incluyó en los territorios de la Casa de Cerdaña, como capital del condado de Conflent. San Miguel de la Cuixá se construyó, entorno al siglo IX, como cenobio dependiente de la abadía de San Andrés de Eixalada, que se encontraba en la misma comarca.

Por su parte Wifredo el Velloso, además de su principal logro, ser el primer conde pseudoindependiente de la Marca Hispánica, fue el noble que acogió bajo su protección a este monasterio y con ello, debió a las donaciones y obras que esta gracia le conllevó, se separó del ya mencionado de San Andrés y comenzó a tener relevancia propia, dentro del conjunto de estructuras religiosas de los Condados. Tanta, que buena parte de la actividad del Abad Oliba, incluso el cese de la misma con su muerte, se realizó desde este emplazamiento, tanto como desde Santa María de Ripoll.

En cuando a la influencia “territorial” de Wifredo el Velloso se debe a que fue el primer conde que dejó sus territorios en herencia a sus hijos, pues antes de él los condados no los heredaban aquellos, sino que a la muerte del conde titular el rey de Francia, soberano de la Marca Hispánica, sombraba un nuevo conde que no tenía por qué tener relación con el anterior. Aunque, pese a la actualización legal del Velloso, los condes al heredar debían rendir pleitesía al Francés y ser ratificados por éste en su cargo. No fue hasta que el condado de Barcelona estuvo regido por Borrell II, cuando se rompe el vasallaje con los reyes de Francia, al pedir el conde ayuda ante el ataque de Abu Amir Muhammad ben Abi Amir al-Ma afirí, para los amigos simplemente Almanzor, y no ser socorrido por su soberano. Pero la independencia plena de Francia, se produce ya con los Condados integrados en la Corona de Aragón, con el Tratado de Corbeil, firmado el 11 de mayo de 1258, entre Jaime I el Conquistador y Luis IX de Francia.

En El Códice Negro San Miguel de la Cuixá aparece cuando se hace mención al hijo de menor de Wifredo, conde de Berga, y entonces sale a relucir que ya que este hijo no va a heredar el condado está instruyéndose en este emblemático monasterio en Prades, cuna del otro Wifredo, el Velloso, donde, además, está como en su casa al estar en un territorio de su familia.

Por último, queda presentar excusas por el “pegotazo” en el título de este artículo: coenobĭum, el término en latín del cenobio, que no es otra cosa que un monasterio. Pero como, ya hace años, decía unos de mis profes en la universidad, “las frases en la latín siempre quedan bien, pero no hay que copiarlas”, pues eso que algún palabro en latín, en un texto de este tipo, siempre queda bien.


Información sobre la imagen:
Extraída del artículo de Wikipedia dedicado a San Miguel de la Cuixá



sábado, 23 de junio de 2012

De Lotario a Capeto y el fin del vasallaje de los Condados de la mano de Borrell II de Barcelona

Ya se vislumbraban por el horizonte los cuatro dígitos de año 1000, fecha fatídica para sus coetáneos, cuando en clara señal de su nefasto significado, Barcelona fue arrasada por Abu Amir Muhammad ben Abi Amir al-Ma afirí o el Victorioso por Alá, como se referían a él los musulmanes, por su concatenación de victorias y humillaciones a la que sometió a los reinos cristianos, donde se le conocía simplemente como Almanzor.

La destrucción de la ciudad tuvo lugar en el 985, época convulsa en la Francia occidentalis con guerra exteriores por el control del Verdún y Lorera contra el Sacro Imperio; sublevaciones internas en Flandes, Normandía, Aquitania, Bretaña, Gothia… Hugo Capeto nombrado duque de los francos; la Iglesia conspirando a uno y otro lado; y las intrigas por el poder que lo enmarañaban todo entre carolingios, otonianos, robertinos y los “recién llegados” Capetos. Con todo ese marasmo de conflictos abiertos el rey Lotario no puedo prestar ayuda a Borrell cuando éste se la solicitó ante el previsible ataque de Abu Amir Muhammad ben Abi Amir al-Ma afirí.

Lotario murió entre las intrigas palaciegas y las enfermedades, que también le atacaban en el 986, el 2 de marzo. Le sucedió su único hijo, el último carolingio, Luis V de Francia, también llamado el Insufrible, aunque también podría haber recibido el apelativo de “El Breve”, ya que su reinado tan solo duró un año, al fallecer en un supuesto accidente montando a caballo.

La temprana muerte de Luis llevó a la coronación, ese mismo año 987, de Hugo Capeto, duque de los francos, como rey de la Francia occidentalis. El nuevo rey mandó llamar a todos los señores de los territorios que componían sus descompuestos dominios para que le rindieran vasallaje como nuevo rey, y fue entonces, en el 988, cuando el conde Borrell de Barcelona, entre otros, no asistió a aquel llamamiento.

Esta ausencia consumó la separación de los Condados Catalanes, o condados de la Marca Hispánica, se independizaron de los reyes de Francia. Aunque esta “separación” no fue bien digerida por los soberanos francos, lo que llevó a la posterior unión de los Condados con el Reino de Aragón, en 1137 con le matrimonio de Petronia y Berenguer, pero no fue hasta 1258, cuando se firmó el Tratado de Corbell, entre Jaime I el Conquistador por parte de la Corona de Aragón y San Luis como rey de Francia, que quedaron zanjadas las cuestiones ultramontanas con la renuncia del primero a sus derechos sobre Occitania, y del segundo sobre los Condados de la Marca, o eso parecía, que la cosa quedaba ahí.

La pérdida de la Marca Hispánica seguía siendo una “espinita” clavada en los gobernantes de Francia, por lo que siglos más tarde retomaron la cuestión, que entró como botín de guerra en el Tratado de los Pirineos de 7 de noviembre 1659, por el que, según firmaron Luis de Haro por España y el cardenal Mazarino por Francia, poniendo fin a la Guerra de los Treinta Años, la Cerdeña pasaba a ser posesión de los reyes de franceses, quedando la frontera ya como es hoy, en el cabo de Creus.

Bueno, luego vino un tal Napoleón, ídolo en todos los psiquiátricos, quien pensó: por qué añorar la Marca cuando podía quedarse con toda la Península. Pero eso ya es otra historia…

Información fotografía:
Detalle de Cadaqués, anochecer entre la iglesia y el mar, en los confines próximos al cabo de Creus
Cámara Pentax 35mm 1/8s f2.6 0.00 ev ISO 100