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domingo, 3 de marzo de 2013

La Catedral de Santa María de Girona

La catedral del Girona, dedicada a Santa María, comenzó a construirse durante el siglo XI, en el punto más alto de la ciudad. Pese a la fecha en que se comenzó su edificación, románico solo conserva el claustro y la torre, pues en el resto predomina el gótico, ya que los trabajos en ella se extendieron hasta el siglo XVIII.

Aunque tiene la nave gótica más ancha del mundo, lo que más destaca en ella, haciéndola visible desde casi cualquier punto de la ciudad, debido a su emplazamiento que no a una especial altura, es su solitaria torre, que cual punto de señalización geodésica parece indicar la ubicación del corazón de la ciudad vieja, que solo desaparece cuando se está dentro de las intrincadas y serpenteantes calles de aquella.

En El Códice Negro la Catedral de Girona aparece al llegar a ella Raquel, siguiendo las indicación de Albert Puig, en busca de Fray Perera, que según Puig era quien mejor le podría informar sobre el periodo histórico en la zona por la que estaba interesada. Una vez en la catedral, Raquel no consigue ver a Perera, pues éste ha sido trasladado a la sede del obispado de Girona.


Información de la imagen:
Catedral de Santa María de Girona, en un acceso posterior, desde los jardines de la muralla.
Cámara Pentax 35mm 1/100s f2.6 0.00 ev ISO 100
Procesado digital con Coral PaintShop Pro X4



jueves, 15 de marzo de 2012

Albert Puig. El faro que ilumina el camino

Albert Puig es un personaje gris, un empleado de la diócesis, está acodado en su puesto de director del museo diocesano de la Seu de Urgell, y no tiene ganas de complicase la vida con historias que le cuente el primero que entre por la puerta de su despacho.

Aunque Albert Puig no es un personaje intranscendente para El Códice Negro, por mucho que sea gris y sin brillo, pues es él quien indica a Raquel que debe ir a Girona y allí, en el archivo de la catedral, preguntar por un monje franciscano, Fray Perera, pues él es posible que sí pueda saber algo, al ser gran conocedor de los antiguos legajos, y, además, es propenso a involucrarse en ese tipo de aventuras.

Fray Perera también recordaba a Albert Puig, cuando Raquel al conocerlo le comentó quien le había referido a él, de crío le había dado clase en la escuela, de religión y de arte. Su recuerdo iba de un pícaro rebelde, hasta la admiración por haber llegado a ser director del museo.



domingo, 19 de febrero de 2012

El Call de Girona. La Judería

Próximo a la catedral de Gerona se encuentra un intrincado conjunto de callejones estrechos, serpenteantes, humeros y de suelos empedrados, es lo que se conoce como El Call o la Judería, en este caso la Judería de Girona, una de las mejor conservadas de Europa.

Este conjunto medieval estuvo habitado por la comunidad judía hasta finales del siglo XV, momento en que fueron definitivamente expulsados los judíos de la ciudad de Gerona, pero pese a ello, dado su excelente estado de conservación, el andar por sus callejuelas es una especie de viaje al pasado, una inmersión instantánea en el siglo XIII, pero decir uno, en la que solo faltan los mercares, artesanos, alguien caballo y algún carro tirado por bueyes para que la sensación deje de tal y sea una realidad.

En la Judería de Girona destaca como una de sus construcciones emblemáticas la que fue la antigua sinagoga, que hoy alberga el Centro Bonastruc Ça Porta, un centro de estudios, y centro de interpretación al visitante, integrado en la Red de Juderías de Espala - Caminos de Sefarad.

En El Códice Negro, Raquel transita por las intrincadas callejuelas de la Judería, cuando desde su hotel, en la parte moderna de la ciudad, tras cruzar el rio, se encamina hacia la catedral, siguiendo las indicaciones recibías en el Urgell, para localizar a Fray Perera.



martes, 7 de febrero de 2012

Fray Perera. El Guardián del Códice

Es un fraile franciscano que trabaja en la biblioteca-archivo del obispado de Girona, al que Raquel conoce después de que en Urgell, Albert Puig, le indicara que era la persona a quien debía preguntar.

Tras deambular por distintas instalaciones eclesiásticas, Raquel, consigue dar en él en la biblioteca del palacio episcopal. Un nombre mayor, tal vez con más de ochenta años a sus espaldas, algo encorvado, de pelo blanco en barba y lo poco que aún le quedaba poblando en su cabellera, de rostro afable, y todo ello embutido dentro del típico habito marrón, como en tela de saco, con caperuza con esclavina a la espalda, y cordón de cuerda de cáñamo a la cintura, que tras anudado en ésta, colgaba, con tres nudos adicionales en sí mismo, hasta un poco más abajo de las rodillas, estampa que podría ser la de cualquier otro franciscano, aunque en este caso era la suya y no otra.

Fray Perera parece ser único y último conocedor de la existencia de El Códice Negro, y también de su autentica naturaleza, por lo que tras escuchar atentamente a Raquel, cosa inesperada para ella, pues todo el mundo en el edificio le había dicho que estaba loco, le insistió en que no buscara ese antiguo texto, y volviera a sus ocupaciones habituales.

Raquel hará caso omiso a estos avisos, y días más tarde se volverá a encontrar con el franciscano, para que esta vez, sí, le cuente toda la verdad sobre el manuscrito, tras haberlo encontrado y traducido.



lunes, 6 de febrero de 2012

¿Por qué del título “El Códice Negro”?

No siempre fue éste el título de la novela, pues en un principio no tuvo título, simplemente se llamaba “Relato”, después conforme avanzaba la historia pasó a ser “Relato XT”, de eXTenso. Luego su denominación pasó a ser “Relato S”, de donde “S” correspondía a la denominación de una de las localidades que aparecen en la historia.

Después, ante la indefinición e inconcreción de ninguno de esos títulos, hay por ahí rondando una libreta en cuyas páginas, en una muy concreta, aparecen una larga serie de posibles nombres para la novela, que van desde lo más prosaico hasta otros con tintes mitológicos. Pero ninguno de ellos cuajaba, unos eran demasiado light y otros excesivos.

Finalmente, durante una revisión del texto, tediosa por la propia naturaleza de la tarea, y terrorífica por los nefastos efectos de la memoria, ya que muchas partes del texto no se leen, sino que se recuerdan, y en consecuencia no se “ve” realmente el texto tal cual es. Durante una de éstas revisiones se encendió la bombilla, al ver que El Códice, en sí mismo, es un elemento fundamental de la historia que se cuenta, ya que está escrita en él.

Y curiosamente este título no se lo puso el autor, quien escribe estas líneas, sino que fue Fray Perera, el monje franciscano bibliotecario-archivero en el obispado de Girona, quien recomienda a Raquel que se olvide de El Códice Negro, momento en el que aparece por primera vez este nombre.

¿Qué le ha parecido a usted cómo se fraguó este título?