domingo, 21 de octubre de 2012
Los palabros en latín, siempre quedan bien
En El Códice Negro, dada la época en la que se desarrolla, en ocasiones y para determinadas cuestiones, aparecen palabros-términos en latín, no con intención de mostrar una especial erudición por parte del autor sino para acentuar la ambientación de la historia.
La aparición de estas palabras en latín no implica que para leer El Códice Negro haya que tener a mano un diccionario latín-castellano, no, eso no es necesario, pues cuando el término requiere ser traducido para una adecuada comprensión del mismo, son los propios personajes quienes lo explican en el transcurso de la acción en la que se incluye.
Consecuencia, cuando leyendo vea uno de estos términos latinos, siga leyendo, no se extrañe por su aparición, pues el narrador y los personajes se encargaran de ponerla en su justo valor dentro del contexto en que se encuentre.
Información sobre la imagen:
Extraída de la web http://www.aplicaciones.info/latin/latin.htm
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lunes, 17 de septiembre de 2012
El Ecce Homo y la “Eccehoma”
Mucho se ha hablado este verano del Ecce Homo, a consecuencia de una memorable restauración artística, que ha sido objeto de amplio reconocimiento. Pero no es ese el Ecce Homo al que se hace referencia en este texto, sino al que tiempo antes quedó plasmado en El Códice Negro.
El Ecce Homo, palabro en latín, del Evangelio de San Juan (19:5), se refiere a las supuestas palabras de Poncio Pilato “He aquí el hombre” cuando como gobernador romano presentó a Jesús de Nazaret, a la muchedumbre que pedía justicia sobre aquel alborotador.
El término Ecce Homo, cuando se eliminan las mayúsculas y los espacios y queda reducido a eccehomo, ya no hace mención en el sentido evangélico del término, sino a la prosaica, en tanto que describe a una persona, cualquiera, como alguien lacerado, de lastimoso aspecto, como se señala en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua.
En este último sentido es como aparece en El Códice Negro, empleando un palabro aún más palabro si cabe, licencia del autor, como es “eccehoma” con el que Raquel se refiere a sí misma durante la visita a un amigo que se encuentra dirigiendo las tareas de fundido de hormigón para un puente en las proximidades de Alberic-Valencia, donde dadas las circunstancias se ensucia de forma considerable su indumentaria.
Evidentemente la palabra “eccehoma” no existe, en todo caso, ponerse ilustrada sería “eccemulier”, pero Raquel lo emplea de forma coloquial al mirarse a sí misma con cierta sorna, como una feminización premeditada del término correcto: eccehomo.
Información de la imagen:
Ecce homo, pintura de Antonio Ciseri, representanción de lo expuesto por San Juan
Imagen extraída de la web Bogo
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El Ecce Homo, palabro en latín, del Evangelio de San Juan (19:5), se refiere a las supuestas palabras de Poncio Pilato “He aquí el hombre” cuando como gobernador romano presentó a Jesús de Nazaret, a la muchedumbre que pedía justicia sobre aquel alborotador.
El término Ecce Homo, cuando se eliminan las mayúsculas y los espacios y queda reducido a eccehomo, ya no hace mención en el sentido evangélico del término, sino a la prosaica, en tanto que describe a una persona, cualquiera, como alguien lacerado, de lastimoso aspecto, como se señala en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua.
En este último sentido es como aparece en El Códice Negro, empleando un palabro aún más palabro si cabe, licencia del autor, como es “eccehoma” con el que Raquel se refiere a sí misma durante la visita a un amigo que se encuentra dirigiendo las tareas de fundido de hormigón para un puente en las proximidades de Alberic-Valencia, donde dadas las circunstancias se ensucia de forma considerable su indumentaria.
Evidentemente la palabra “eccehoma” no existe, en todo caso, ponerse ilustrada sería “eccemulier”, pero Raquel lo emplea de forma coloquial al mirarse a sí misma con cierta sorna, como una feminización premeditada del término correcto: eccehomo.
Información de la imagen:
Ecce homo, pintura de Antonio Ciseri, representanción de lo expuesto por San Juan
Imagen extraída de la web Bogo
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domingo, 16 de septiembre de 2012
Del catalán Boira | Boria en murciano
La “i” de la cuestión
La “i” es una letrica muy de moda últimamente pues casi todo lo tecnológico, para identificarse como tal al instante, lleva antes de la palabra en cuestión una “i” y en algunas ocasiones una “e”. Pero la importancia de la modesta “i” latina viene de antiguo, haciendo con su sola presencia que palabras que hacen referencia a idéntico concepto parezcan distintas.
Ese es el caso de la niebla, no de la organización esotérico-secreta de que se supone fue miembro Julio Verne a mediados del siglo XIX, sino de la niebla como tal, la que forman las nubes cuando les da por arribarse demasiado a tierra, es decir, nubes bajas.
Bien, este fenómeno meteorológico recibe una gran diversidad de nombres según la zona, pero tratándose de un blog sobre El Códice Negro, la mención será a las dos formas con las que aparece en la historia, además de cómo niebla o bruma: Boira y Boria. Nótese que tan solo la “i” cambia de lugar en una y otra palabra.
Boira, es el término catalán para referirse a la niebla.
Mientras que en la ya, casi, extinta Lengua de Murcia a este fenómeno se hace referencia con el término Boria.
Información de la imagen:
El Río Segura a su paso por Murcia, con el Puente de los Peligros al fondo
y una tupida boria.
Fotografía extraída de la web Tiempo.com
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Ese es el caso de la niebla, no de la organización esotérico-secreta de que se supone fue miembro Julio Verne a mediados del siglo XIX, sino de la niebla como tal, la que forman las nubes cuando les da por arribarse demasiado a tierra, es decir, nubes bajas.
Bien, este fenómeno meteorológico recibe una gran diversidad de nombres según la zona, pero tratándose de un blog sobre El Códice Negro, la mención será a las dos formas con las que aparece en la historia, además de cómo niebla o bruma: Boira y Boria. Nótese que tan solo la “i” cambia de lugar en una y otra palabra.
Boira, es el término catalán para referirse a la niebla.
Mientras que en la ya, casi, extinta Lengua de Murcia a este fenómeno se hace referencia con el término Boria.
Información de la imagen:
El Río Segura a su paso por Murcia, con el Puente de los Peligros al fondo
y una tupida boria.
Fotografía extraída de la web Tiempo.com
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sábado, 15 de septiembre de 2012
Los idiomas-lenguas de El Códice Negro
La historia está escrita íntegramente en castellano, pero teniendo muy presente que se desarrolla en el siglo XI en una zona de frontera, y que los personajes son de muy distintas procedencias, tanto los actualices como los del mencionado siglo.
Consecuencia de ello, aparecen términos de latín, que no han sido traducidos, unos porque no es preciso, y otros porque los personajes en su conversación explican que es o a que se refiere el termino en cuestión. También está presente esta lengua en los aspectos religiosos.
En el caso del catalán también está presente, mediante en nombre de personas o lugares, principalmente, que no han sido traducidos, por ser en la mayoría de los casos de conocimiento común y cotidiano, además de ayudar a situar más adecuadamente el relato.
Murcianismos, también están presentes al ser parte de los personajes de esta procedencia, de forma que su habla quedé más natural dentro del contexto.
Términos en francés, en esta época a los Condados Catalanes se les seguía considerado la Marca Hispánica, además de tener grandes sinergias con Occitania y en particular con el Languedoc, lo que hace que las referencias a la lengua de los francos sea una constante, además de al provenzal.
Por supuesto no podían faltar términos árabes, eran la frontera Sur y en consecuencia su influencia también aparece en el texto. Al igual que algún otro en navarro, da la embajada de Ramiro a los condados y de Wifredo a Olite.
Pese a todo ello, no es preciso leer El Códice Negro con los diccionarios en la mano, pues todos estos términos quedan claros por el contexto en que se emplean, porque los explica el narrador, o porque son detallados por los personajes. Con lo que, además, no son necesarias notas aclaratorias a pie de página.
Información de la imagen:
Fotografía del Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, en 2 volúmenes
Extraido de la web Poemas para el Alma
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Consecuencia de ello, aparecen términos de latín, que no han sido traducidos, unos porque no es preciso, y otros porque los personajes en su conversación explican que es o a que se refiere el termino en cuestión. También está presente esta lengua en los aspectos religiosos.
En el caso del catalán también está presente, mediante en nombre de personas o lugares, principalmente, que no han sido traducidos, por ser en la mayoría de los casos de conocimiento común y cotidiano, además de ayudar a situar más adecuadamente el relato.
Murcianismos, también están presentes al ser parte de los personajes de esta procedencia, de forma que su habla quedé más natural dentro del contexto.
Términos en francés, en esta época a los Condados Catalanes se les seguía considerado la Marca Hispánica, además de tener grandes sinergias con Occitania y en particular con el Languedoc, lo que hace que las referencias a la lengua de los francos sea una constante, además de al provenzal.
Por supuesto no podían faltar términos árabes, eran la frontera Sur y en consecuencia su influencia también aparece en el texto. Al igual que algún otro en navarro, da la embajada de Ramiro a los condados y de Wifredo a Olite.
Pese a todo ello, no es preciso leer El Códice Negro con los diccionarios en la mano, pues todos estos términos quedan claros por el contexto en que se emplean, porque los explica el narrador, o porque son detallados por los personajes. Con lo que, además, no son necesarias notas aclaratorias a pie de página.
Información de la imagen:
Fotografía del Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, en 2 volúmenes
Extraido de la web Poemas para el Alma
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domingo, 2 de septiembre de 2012
Rolando, Roldán, Orlando, Roland, o los 1.000 nombres del sobrino de Carlomagno
Roland es históricamente el sobrino del emperador Carlomagno y uno de los doce Pares de Francia. Aunque poco más se puede decir de él, ya que el personaje se va diluyendo en los cantares de gesta, en la novela de caballerías e incluso en un pseudogénero de sí mismo, con una gran cantidad de literatura, una más renombrada que otra, que le tiene como epicentro empleando los distintos nombres con los que se le conoce, como pueden ser Orlando de Virginia Woolf, Orlando Furioso de Ludovico Ariosto, Orlando Enamorado de Matteo Maria Boiardo, El Bernardo de Bernardo de Balbuena, etc.
Otra variante de las historias de Orlando viene de la mano de su espada, una especie de Excalibur a la gala, la famosa, aunque menos conocida que su colega, Durandal, también en una roca clavada a la muerte de su dueño, y cuyo “poder” no proviene de las artes de magos y druidas sino de las reliquias cristianas que guarda.
La mitología de Roldán es muy variada, ya que despeñó rocas en batallas, combatió en Tierra Santa, guerreó en tierras hispanas, participó en Las Cruzadas, fue rey de Francia, murió en Roncesvalles a manos de los visigodos, estuvo en el sitio de Zaragoza, pasó por El Bierzo, abrió pasos en las montañas, partió rocas con su espada, también murió en Jerusalén, tuvo andanzas por Italia, etc.
En El Códice Negro, Rolando aparece de boca de Leodovico, cuando éste a requerimiento de Wifredo le cuenta cantares de guerras, de caballeros, de héroes, de hazañas épicas, y en algunas de ellas el sobrino de Carlomagno es un personaje destacado y en otras el protagonista. También doña Agnès conoce historias de Rolando, tanto las que recita el juglar como las de su espada en Rocamadour, aunque ella las conoce en la lengua de francos del norte, por su educación conventual en las proximidades de París.
Información de la imagen:
Extraída de Dialnet, de la entrada correspondiente a El cantar de Roldán, en traducción de Benjamín Jarnés y editado en 2003 por Alianza Editorial. Para ir esta ficha pulse aquí.
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Otra variante de las historias de Orlando viene de la mano de su espada, una especie de Excalibur a la gala, la famosa, aunque menos conocida que su colega, Durandal, también en una roca clavada a la muerte de su dueño, y cuyo “poder” no proviene de las artes de magos y druidas sino de las reliquias cristianas que guarda.
La mitología de Roldán es muy variada, ya que despeñó rocas en batallas, combatió en Tierra Santa, guerreó en tierras hispanas, participó en Las Cruzadas, fue rey de Francia, murió en Roncesvalles a manos de los visigodos, estuvo en el sitio de Zaragoza, pasó por El Bierzo, abrió pasos en las montañas, partió rocas con su espada, también murió en Jerusalén, tuvo andanzas por Italia, etc.
En El Códice Negro, Rolando aparece de boca de Leodovico, cuando éste a requerimiento de Wifredo le cuenta cantares de guerras, de caballeros, de héroes, de hazañas épicas, y en algunas de ellas el sobrino de Carlomagno es un personaje destacado y en otras el protagonista. También doña Agnès conoce historias de Rolando, tanto las que recita el juglar como las de su espada en Rocamadour, aunque ella las conoce en la lengua de francos del norte, por su educación conventual en las proximidades de París.
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Extraída de Dialnet, de la entrada correspondiente a El cantar de Roldán, en traducción de Benjamín Jarnés y editado en 2003 por Alianza Editorial. Para ir esta ficha pulse aquí.
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domingo, 26 de agosto de 2012
Castellfollit de la Roca. El mirador de basalto a los volcanes de la Garrotxa
Castellfollit de la Roca es una localidad de provincia de Girona y próxima a la ciudad de Olot. Se caracteriza por el acantilado basáltico sobre el que se asienta, de más de 1.000 metros de longitud y más 50 metros de profundidad, a cuyos pies discurren los ríos Fluvià y Toronell, entre abundante vegetación.
En el filo del acantilado, al principio de todo, al borde del precipicio, se levanta la iglesia y tras ella todo lo demás, el resto del pueblo, una hilera de casas grisáceas por la piedra de su construcción, de 2 y 3 plantas salpicadas de “machas” oscuras, las ventanas
Además de lo ya dicho, Castellfullit de la Roca es la entrada al Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa, el conjunto volcánico más importante de la Península Ibérica, tan solo superado en España por el conjunto de Timanfaya en Lanzarote.
En El Códice Negro aparece Castellfollit de la Roca por su proximidad a Les Preses, apenas 12km, y a que en esta localidad Xavier Rivas tiene un amigo dueño de un restaurante, al que hace tiempo que no ve y aprovecha la estancia con Raquel para visitarlo y cenar en su local durante un descanso en la traducción el códice.
En el restaurante, un viejo caserón restaurado, Pere, el dueño y cuyos abuelos son y viven en Cehegín, les da una mesa junto a una ventana al filo del acantilado, para que tengan unas vistas impresionantes en los que él considera una velada romántica.
El dueño de Casa Pere, adema de estupendo y creativo cocinero, estudio y se licenció en Historia, como Rivas, de ahí su amistad, pero en lugar de dedicarse a ella como su amigo, se enamoró de Castellfollit y dado su “don de gentes” decidió dejar la historia en un hobby y dedicase de lleno a las viandas.
Información fotografía:
Detalle de Castellfollit de la Roca, cortado del acantilado basáltico
Cámara Pentax 50mm 1/400s f3.1 0.00 ev ISO 100
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jueves, 23 de agosto de 2012
La Mano de Fátima, de Ildefonso Falcones, un espejo donde se refleja la actualidad
En estas fechas estivales ando con manos y ojo metidos en un abultado y sabroso texto del Ildefonso Falcones, como ya he dicho al principio, La Mano de Fátima, una historia que comienza en la Rebelión de las Alpujarras encabezada por Abén Humeya y sofocada por don Juan de Austria, el marqués de Mondejar y el marqués de los Vélez en tiempos de Felipe II.
Aunque lo que hoy me hace traer ese texto aquí, no por cuestiones estrictamente literarias y gustosísticas, sino por la actual actualidad y candente, que me ha hecho copiar un fragmento del texto para pegarlo aquí, y sé que el autor se dedica a la abogacía, con lo que si quiere que lo retire solo tiene que decírmelo.
Avanzada la cuarta centuria de páginas aparece:
“…Ya desde la época del emperador Carlos I, las finanzas de la monarquía se hallaban siempre en quiebra. Hacía cinco años que el reino había suspendido sus pagos; ni siquiera las inmensas fortunas en plata y oro que arribaban del Nuevo Mundo llegaban a cubrir los gastos de los ejércitos españoles, a los que se sumaban los descomunales costes de la lujosa corte borgoñona, cuyo protocolo había adoptado el emperador. España disponía de considerables materias primas de las que no se obtenía el debido provecho: la apreciada lana de oveja merina castellana se vendía sin manufacturar a comerciantes extranjeros, quienes la transformaban en paños que después revendían en España por diez o veinte veces el valor de coste que habían pagado. Lo mismo sucedía con el hierro, la seda y otras muchas materias primas; y el oro, por las guerras o el comercio, salía de España a espuertas. Los intereses que pagaba el rey a sus banqueros superaban el cuarenta por ciento, y las bulas e indulgencias que se vendían y con las que se financiaban tanto Roma como España no eran suficientes. Hidalgos, clero y numerosas ciudades no pechaban con los impuestos y todo el coste fiscal recaía en el campo, en los trabajadores y en los artesanos, lo que los empobrecía aún más e impedía el desarrollo del comercio, en un círculo vicioso de difícil solución…”
Un recorte que casi parece estar sacado de cualquier periódico de hoy, deuda, intereses, quiebra… del Estado; y nobles, militares, clero… todos sobre las espaldas de los pobres currantes; y recursos infrautilizados y malvendidos para después recomprarlos ya manufacturados…; y la Corte…
La Historia, la que se escribe con mayúsculas, tiene la costumbre de repetirse, y aquí estamos, casi seis siglos después, en casi las mismas circunstancias y situaciones ¡Qué poco hemos cambiado!.
Bueno, cuando termine La Mano de Fátima, para lo que no falta mucho, pues está interesantísima, ya contaré más, específicamente de ella.
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Aunque lo que hoy me hace traer ese texto aquí, no por cuestiones estrictamente literarias y gustosísticas, sino por la actual actualidad y candente, que me ha hecho copiar un fragmento del texto para pegarlo aquí, y sé que el autor se dedica a la abogacía, con lo que si quiere que lo retire solo tiene que decírmelo.
Avanzada la cuarta centuria de páginas aparece:
“…Ya desde la época del emperador Carlos I, las finanzas de la monarquía se hallaban siempre en quiebra. Hacía cinco años que el reino había suspendido sus pagos; ni siquiera las inmensas fortunas en plata y oro que arribaban del Nuevo Mundo llegaban a cubrir los gastos de los ejércitos españoles, a los que se sumaban los descomunales costes de la lujosa corte borgoñona, cuyo protocolo había adoptado el emperador. España disponía de considerables materias primas de las que no se obtenía el debido provecho: la apreciada lana de oveja merina castellana se vendía sin manufacturar a comerciantes extranjeros, quienes la transformaban en paños que después revendían en España por diez o veinte veces el valor de coste que habían pagado. Lo mismo sucedía con el hierro, la seda y otras muchas materias primas; y el oro, por las guerras o el comercio, salía de España a espuertas. Los intereses que pagaba el rey a sus banqueros superaban el cuarenta por ciento, y las bulas e indulgencias que se vendían y con las que se financiaban tanto Roma como España no eran suficientes. Hidalgos, clero y numerosas ciudades no pechaban con los impuestos y todo el coste fiscal recaía en el campo, en los trabajadores y en los artesanos, lo que los empobrecía aún más e impedía el desarrollo del comercio, en un círculo vicioso de difícil solución…”
Un recorte que casi parece estar sacado de cualquier periódico de hoy, deuda, intereses, quiebra… del Estado; y nobles, militares, clero… todos sobre las espaldas de los pobres currantes; y recursos infrautilizados y malvendidos para después recomprarlos ya manufacturados…; y la Corte…
La Historia, la que se escribe con mayúsculas, tiene la costumbre de repetirse, y aquí estamos, casi seis siglos después, en casi las mismas circunstancias y situaciones ¡Qué poco hemos cambiado!.
Bueno, cuando termine La Mano de Fátima, para lo que no falta mucho, pues está interesantísima, ya contaré más, específicamente de ella.
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