domingo, 1 de julio de 2012

Mancusos: la moneda que nadie vio

Los mancusos, o los hechos manos, son una moneda pseudomitológica pues se supone que existieron, pero básicamente se trata de suposiciones, pues son referencias que aparecen en distintos textos medievales en los que de asegura su existencia, cosa, ya de por sí, pintoresca.

El mancuso era una moneda hecha con una aleación de oro, de plata, o de oro y plata, que se mezclaba a mano y se “tallaba” a mano, de ahí su nombre. La cantidad de metales preciosos no solía superar nunca los 2 gramos, y en función de la proporción de estos tenía uno u otro valor en relación con otras unidades monetarias, como las marcas, los sueldos o las onzas, cuya equivalencia de los primeros con estas otras podía ir unas pocas unidades a varios miles.

Su supone que el mancuso fue una moneda utilizada desde el siglo IX hasta el siglo XII en buena parte de la cristiandad, aunque solo hay referencias de los mancusos anglosajones, francos, catalanes y aragoneses, siendo de estos últimos de los únicos que se conservan unos pocos ejemplares, aunque se supone que los de Aragón nunca fueron moneda “de curso legal”, sino que se empleaban para pagar el impuesto papal que, como buenos cristianos, sus reyes debían enviar cada año a Roma.

Estos ejemplares aragoneses fueron encontrados en excavaciones arqueológicas en Siria y Turquía, lo que sugiere que, aunque en Aragón nunca fueron moneda legal, los papas sí los emplearon como moneda para sus pagos durante Las Cruzadas en Tierra Santa.

Debiéndose la escasez de ejemplares a que en aquella época y en aquellas tierras, las monedas conforme pasaban de manos y cambiaban de fe, eran de nuevo fundidas, bien para extraer los metales preciosos libres del resto de elementos de la aleación, o bien para volverlas a acuñar sin los símbolos de su religión de origen.

En definitiva que algún mancuso aparece en El Códice Negro, pero tan escaso y solitario como parece que fueron los auténticos, si alguna vez llegaron a existir.

Por cierto, partir del siglo XII los mancusos fueron sustituidos por otras monedas de las que sin hay una amplia y fehaciente constancia: los maravedís.

Información sobre la imagen:
La fotografía que ilustra este artículo está extraído de la entrada que aparece en la Wikipedia sobre esta misma temática.



martes, 26 de junio de 2012

Lectores de Piratas, de Vázquez-Figueroa ¡Os necesito!

En Piratas, de Alberto Vázquez-Figueroa, se cuenta la historia de un “cazador de perlas” del Caribe español, allá por el siglo XVI, que obligado por las personas y las circunstancias termina siendo el temido capitán pirata Jacaré Jack, originariamente un pirata escocés, que se retira dejando su puesto, su barco y su nombre joven español.

Es una novela de aventuras trepidante, emocionante, con acción a raudales, abordajes, tesoros, islas exóticas, cantinas atestadas se gente de dudosa reputación y más dudosa moral, cañoneos entre barcos, romance… y un final conmovedor, que no deja indiferente.

Otros cinematográficos capitanes de navío pirata que surcan el Caribe en las pantallas de cine, quedan como simples aficionados del genero, cuando se les contrasta con el capitán Jacaré Jack, que sin necesidad me magia es capaz de transportarnos a la cubierta de su jabeque y hacernos sentir el sabor de la sal reseca sobre los sabios.

Tengo una anécdota de cuando leí esta novela, entonces me emocionó, y ahora lo sigue haciendo, con todo el bello de punta estoy. Estaba por aquel entones en Tenerife, y mi libro de “cabecera” para las tardes, entre la comida y la vuelta al trabajo, era Piratas, antes que él su lugar lo ocupó el protagonizado por Catalina Barrancas, también de Vázquez-Figueroa, y le sucedió Iacobus de Matilde Asensi, pero a lo que iba.

Final de la playa de Los Cristianos, en el sestero de una día de abril, en el paseo marítimo, en un banco bajo una amplia palmera, en las proximidades del hotel Gran Arona, ante mi la playa y más allá el Atlántico extendiéndose hasta el horizonte. Pasaba con avidez las páginas, pues se encontraban rebosantes de emoción, el capitán Jacaré Jack estaba siendo perseguido por otro pirata, despiadado, muy malo y con un barco más grande y con más cañones. La típica música de las películas de piratas, en un momento así, sonaba en mi cabeza. Tenía los ojos secos de no parpadear para no perderme nada, por lo que levante la vista del libro para estirarla en el horizonte.

Tras el monte-acantilado que cierra la pequeña bahía de Los Cristianos, por la izquierda mirando hacia el mar, de repente, comenzó a aparecer un foque, y tras él, el resto del barco. Era una goleta de palos y un solo puente. Con todas las velas preñadas, partiendo las olas con la proa, más bien clavándola en ellas, pues el mar andaba un poco revuelto. Increíble, pero no quedo ahí.

Apenas segundos más tarde, ¡otro barco!. Era más grande, tres palos, con buena parte de las velas al viento y seguía largando trapo. Su proa se hundía aún más que la del otro en el agua, la mura parecía quedar al nivel de las olas. Iba tras el primero y acercándose.

En ambos se veía a los tripulantes, pequeñitos, deambulando por cubierta, y algunos en las gavias. Con las muras ajedrezadas por lo cuadros de los portones donde deberían ir los cañones, que nunca se levantaron, nunca mostraron sus bocas y nunca lanzaron con estruendo bocanadas de humo y fuego. Los dos barcos se pusieron a la par, solo se veía un casco y cinco mástiles.

Cuando todo hacía presagiar que se lanzarían los garfios, se oiría un lacónico grito llamando “al abordaje” y rugirían los cañones… el pequeño enfilo hacia tierra, hacia el puerto de Los Cristianos, y el segundo puso rumbo mar adentro. Su presencia fue espectacular, las sensaciones tremendas, y como dije al principio, aún hoy, años más tarde, su recuerdo me emociona como en aquel mismo instante.

Si todavía no has leído Piratas, te la recomiendo, es una novela como hay pocas, y si ya la has leído, entonces es muy posible que te guste El Códice Negro, así que no lo dejes pasar y comienza esta nueva lectura.

Y por último, como ni soy afiliado de La Casa del Libro, ni tampoco tengo autorización expresa de la editorial ni el autor para poner esta reseña, antes de sablearme con requerimientos y demandas varias, tan solo un correo electrónico basta para que la borre del blog de El Códice Negro.



sábado, 23 de junio de 2012

De Lotario a Capeto y el fin del vasallaje de los Condados de la mano de Borrell II de Barcelona

Ya se vislumbraban por el horizonte los cuatro dígitos de año 1000, fecha fatídica para sus coetáneos, cuando en clara señal de su nefasto significado, Barcelona fue arrasada por Abu Amir Muhammad ben Abi Amir al-Ma afirí o el Victorioso por Alá, como se referían a él los musulmanes, por su concatenación de victorias y humillaciones a la que sometió a los reinos cristianos, donde se le conocía simplemente como Almanzor.

La destrucción de la ciudad tuvo lugar en el 985, época convulsa en la Francia occidentalis con guerra exteriores por el control del Verdún y Lorera contra el Sacro Imperio; sublevaciones internas en Flandes, Normandía, Aquitania, Bretaña, Gothia… Hugo Capeto nombrado duque de los francos; la Iglesia conspirando a uno y otro lado; y las intrigas por el poder que lo enmarañaban todo entre carolingios, otonianos, robertinos y los “recién llegados” Capetos. Con todo ese marasmo de conflictos abiertos el rey Lotario no puedo prestar ayuda a Borrell cuando éste se la solicitó ante el previsible ataque de Abu Amir Muhammad ben Abi Amir al-Ma afirí.

Lotario murió entre las intrigas palaciegas y las enfermedades, que también le atacaban en el 986, el 2 de marzo. Le sucedió su único hijo, el último carolingio, Luis V de Francia, también llamado el Insufrible, aunque también podría haber recibido el apelativo de “El Breve”, ya que su reinado tan solo duró un año, al fallecer en un supuesto accidente montando a caballo.

La temprana muerte de Luis llevó a la coronación, ese mismo año 987, de Hugo Capeto, duque de los francos, como rey de la Francia occidentalis. El nuevo rey mandó llamar a todos los señores de los territorios que componían sus descompuestos dominios para que le rindieran vasallaje como nuevo rey, y fue entonces, en el 988, cuando el conde Borrell de Barcelona, entre otros, no asistió a aquel llamamiento.

Esta ausencia consumó la separación de los Condados Catalanes, o condados de la Marca Hispánica, se independizaron de los reyes de Francia. Aunque esta “separación” no fue bien digerida por los soberanos francos, lo que llevó a la posterior unión de los Condados con el Reino de Aragón, en 1137 con le matrimonio de Petronia y Berenguer, pero no fue hasta 1258, cuando se firmó el Tratado de Corbell, entre Jaime I el Conquistador por parte de la Corona de Aragón y San Luis como rey de Francia, que quedaron zanjadas las cuestiones ultramontanas con la renuncia del primero a sus derechos sobre Occitania, y del segundo sobre los Condados de la Marca, o eso parecía, que la cosa quedaba ahí.

La pérdida de la Marca Hispánica seguía siendo una “espinita” clavada en los gobernantes de Francia, por lo que siglos más tarde retomaron la cuestión, que entró como botín de guerra en el Tratado de los Pirineos de 7 de noviembre 1659, por el que, según firmaron Luis de Haro por España y el cardenal Mazarino por Francia, poniendo fin a la Guerra de los Treinta Años, la Cerdeña pasaba a ser posesión de los reyes de franceses, quedando la frontera ya como es hoy, en el cabo de Creus.

Bueno, luego vino un tal Napoleón, ídolo en todos los psiquiátricos, quien pensó: por qué añorar la Marca cuando podía quedarse con toda la Península. Pero eso ya es otra historia…

Información fotografía:
Detalle de Cadaqués, anochecer entre la iglesia y el mar, en los confines próximos al cabo de Creus
Cámara Pentax 35mm 1/8s f2.6 0.00 ev ISO 100



sábado, 2 de junio de 2012

El ama de Agnes. La sombra tras los muros

El ama de doña Agnes está su servicio desde su llegada a Berga, es de origen occitano y cuenta con la total confianza tanto de ella como de su padre, al tiempo que es beneficiaria de algunos recelos por parte del conde Wifredo, aunque éste desconoce hasta que punto ella mira por sus intereses.

El ama estaba al servicio de padre de Àgnes, hasta que ésta desposo con Wifredeo de Berga y machó a los dominios de éste, a donde la acompañó. Tras sus costumbres austeras, comportamiento severo y su aspecto bonachón embutido en una vestimenta monacal y de amplia circunferencia corporal, se esconde el más fiel de los confidentes, el secretismo personalizado, que además vela por los intereses tanto de su señor como de su señora, lo que la mantiene en el filo de navaja, entre el deber y la traición.

En El Códice Negro el ama es un personaje omnipresente, siempre tras su señora, siempre velando por ella, siempre corrigiendo sus errores, siempre alabando sus aciertos, y siempre defendiendo los intereses de don Widredo. Quedando todo ello, en muchos casos, en la ignorancia de quienes le rodean.


Información de la imagen:
La imagen que ilustra este artículo ha sido extraída del web Rosalie’s Medieval Woman



jueves, 31 de mayo de 2012

Luar Na Lubre o las tecnobrumas que se deslizan sigilosas por bosques celtas

Luar Na Lubre, son ocho, son gallegos, son flock… y hasta Mike Oldfield los ha invitado a tocar él. Su primer disco salió en 1988 y desde entones van doce.

Un estilo de música melódico, dulce y transparente, basado en el folklore gallego, con una mezcla de instrumentos oriundos de Galicia con otros foráneos y también incluyen notas electrónicas, lo que da una mezcla difícilmente confundible, de sabor celta-atlántico.

Unos sonidos que transportan a sobrevolar acantilados, que evocan las brumas que se deslizan sigilosas por los bosques, el resplandor de las noches de luna llena, llaman a los seres mitológicos recordados la luz de la lumbre, notas que más allá su vibración transmite sensaciones.

Galicia entrando por tus oídos.

En El Códice Negro no aparece Galicia, pero las melodías de Luar Na Lubre crean el ambiente que sumerge al lector en un mundo de ensoñación, de irrealidad, de sueños, de leyenda, entre montañas y brumas, de recogimiento y calidez, en el mundo de El Códice.



sábado, 26 de mayo de 2012

1035 y 2012: de la creación del Reino de Aragón la incorporación de la Navarra a los dominios de los Trastámara


Los años 1035 y 2012 tienen una relevancia histórica de primer orden, el primero por la cantidad de hechos transcendentes para la historia de los territorios ibéricos que tuvieron lugar durante su transcurso, y el actual, 2012, por la cantidad de efemérides que se conmemoran y que fueron de importancia capital en su momento, y que han condicionando la historia de los distintos territorios hispánicos hasta hoy.

El Códice Negro se desarrolla en el año 1035, en el que tienen lugar una serie de acontecimientos históricos relevantes como:


  • Muerte de Sancho III El Mayor de Navarra.

  • Creación del Reino de Aragón.

  • Creación del Reino de Castilla.

  • Finalización de la obras de ampliación del monasterio de Santa Maria de Ripoll, por el Abad Oliba.

  • Retino de Wifredo II de Berga a Sant Martí del Canigó.


Como contrapunto, El Códice Negro se ha publicado en 2012, año en el que a su vez se conmemoran las efemérides:

  • El 30 de junio del 712 tiene lugar la toma de Mérida por los musulmanes, lo que marca un punto de no retorno en la invasión, ya no será posible expulsarles de la Península Ibérica y comienza su asentamiento.

  • Tiene lugar la Batalla de las Navas de Tolosa el 16 de julio de 1212, que marca el declive definitivo de la presencia musulmana en la península.

  • El 28 de junio de 1412 Fernando de Trastámara fue proclamado rey de Aragón, Fernando I, en base al Compromiso de Caspe, con lo que queda instaurada de la dinastía Trastámara en el Reino de Aragón.

  • El 25 de julio de 1512 se produce la incorporación del Reino de Navarra a las posesiones de Fernando el Católico, cuanto éste, en el transcurso de la guerra civil entre Beaumonteses y agramonteses, hace valer sus derechos dinásticos al haber sido su padre, Juan II, esposo de la reina Blanca I de Navarra y haber muerto el Príncipe de Viana, don Carlos, su hermanastro.


Información fotografía:
Detalle del Castillo de Olite – Navarra
Cámara Pentax 85mm 1/500s f4.1 0.00 ev ISO 80