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lunes, 11 de abril de 2016

Las maldiciones del Códice

4 maleficios para 4 personajes

En la historia de El Códice Negro, entre otras cuestiones, hay 4 maldiciones sobre sendos personales, a saber Leodovico, el conde Wifredo y fray Biel de Berga, que tienen una gran influencia sobre el desarrollo de los acontecimientos, como se verá a continuación:

En el caso de Leodovico, éste es conocedor de un gran secreto, que no debe revelar, y mucho menos a la persona equivocada, pero con el paso de los días en el castillo del conde, se decide, erróneamente, a hacerle sabedor del mismo. Lo que hace que esa maldición tenga lugar sobre el juglar.

La 2ª maldición que se cuenta en el Códice es la del conde Wilfredo de Berga, quien tratando de conseguir lo desvelado por Leodovico, perpetra una serie de hechos que le hacen merecedor de esta nueva desgracia cuasi eterna.

Biel de Berga es el último de los personajes citados al principio, y el autor de El Códice Negro, que es escrito para que lo ocurrido en Son del Pi nunca quede en el olvido. La maldición cae sobre él cuando en una visita de doña Agnes, esposa y viuda de Wilfredo, a la abadía de Santa Maria de Ripoll, se le presenta el libro escrito por el fraile que fue el lugarteniente de su marido, y aquella tras leerlo le maldice.

La 4ª maldición recae sobre un personaje no comentado arriba, Xavier Ribas, y en este caso está proclamada en el propio texto escrito por el fraile, de ahí que las páginas del libro fueran negras, y solo en determinadas circunstancias se aclararan para dejar ver su texto.


Nota: La imagen ha sido extraída de la web http://conceptodefinicion.de de su articulo sobre la definición de Maldición.



domingo, 2 de septiembre de 2012

Rolando, Roldán, Orlando, Roland, o los 1.000 nombres del sobrino de Carlomagno

Roland es históricamente el sobrino del emperador Carlomagno y uno de los doce Pares de Francia. Aunque poco más se puede decir de él, ya que el personaje se va diluyendo en los cantares de gesta, en la novela de caballerías e incluso en un pseudogénero de sí mismo, con una gran cantidad de literatura, una más renombrada que otra, que le tiene como epicentro empleando los distintos nombres con los que se le conoce, como pueden ser Orlando de Virginia Woolf, Orlando Furioso de Ludovico Ariosto, Orlando Enamorado de Matteo Maria Boiardo, El Bernardo de Bernardo de Balbuena, etc.

Otra variante de las historias de Orlando viene de la mano de su espada, una especie de Excalibur a la gala, la famosa, aunque menos conocida que su colega, Durandal, también en una roca clavada a la muerte de su dueño, y cuyo “poder” no proviene de las artes de magos y druidas sino de las reliquias cristianas que guarda.

La mitología de Roldán es muy variada, ya que despeñó rocas en batallas, combatió en Tierra Santa, guerreó en tierras hispanas, participó en Las Cruzadas, fue rey de Francia, murió en Roncesvalles a manos de los visigodos, estuvo en el sitio de Zaragoza, pasó por El Bierzo, abrió pasos en las montañas, partió rocas con su espada, también murió en Jerusalén, tuvo andanzas por Italia, etc.

En El Códice Negro, Rolando aparece de boca de Leodovico, cuando éste a requerimiento de Wifredo le cuenta cantares de guerras, de caballeros, de héroes, de hazañas épicas, y en algunas de ellas el sobrino de Carlomagno es un personaje destacado y en otras el protagonista. También doña Agnès conoce historias de Rolando, tanto las que recita el juglar como las de su espada en Rocamadour, aunque ella las conoce en la lengua de francos del norte, por su educación conventual en las proximidades de París.

Información de la imagen:
Extraída de Dialnet, de la entrada correspondiente a El cantar de Roldán, en traducción de Benjamín Jarnés y editado en 2003 por Alianza Editorial. Para ir esta ficha pulse aquí.



sábado, 12 de mayo de 2012

Oliba Cabreta y Ermengarda
Abad de los monjes de Santa María


Nieto de Wifredo el Velloso e hijo de Oliba Cabreta, fue conde Berga, Besalú y los territorios anexos a estos dos condados, aunque a principios de siglo X renunció a estas posesiones para ingresar como novicio en el monasterio benedictino de Santa Maria de Ripoll, y con ello sus tíos Wifredo y Bernardo pasaron a ser condes, el primero de Berga y el segundo de Besalú.

Fue en esta nueva dedicación donde consiguió el reconocimiento “universal”. Llego a ser abad, o abat, de Santa María y con ello también de Montserrat, de San Martín del Canigó, de San Miguel de Fluviá, de San Miguel de Cuixá, además de ser nombrando obispo de Vich, lo que le proporcionó competencias militares al encomendársele la Marca de la Segarra.

Como abad de Santa Maria de Ripoll expandió la influencia de este monasterio hasta los ya mencionados, a unos por creación directa y a otros por haber sido elegido para ostentar el poder “político” en ellos; además en Ripoll llevó a efecto las obras de ampliación más importantes que desde su creación tuvo ese monasterio, al que también dotó de una de las bibliotecas más importantes de su época.

En el contexto internacional también fue relevante la influencia del abad de Santa María de Ripoll, Oliba Cabreta y Ermengarda, al ser uno de los impulsores de las asambleas sinodales entre diócesis a ambos lados de los Pirineos; mantuvo estrechas relaciones con Sancho III de Navarra; y en cuestiones interhispánicas llegó a ser considerado como el Canciller de los Condados Catalanes, al representar a estos ante el resto de Cortes reales.

En El Códice Negro el abad Oliba aparece cuando fray Segundo envía a Leodovico a Santa María, en busca de un remedio elaborado a base de angélica, para los males que acucian a doña Àgnes. Cuando el juglar llega al monasterio desconoce que Oliba es sobrino de Wifredo, pero al saber el abad de la llegada de un mensajero de Berga decide conversar con él ampliamente mientras es preparado el remedio. Esta visita coincide con la finalización de las obras de ampliación del cenobio, que tiene lugar en 1035.

Además Oliba también aparece en El Códice Negro, de forma indirecta, referenciado en diversas conversaciones de algunos personajes, como persona relevante, y a tener en cuenta su influencia, sobre algunas de las decisiones que estos personajes pretenden adoptar.


Información de la fotografía:
La fotografía que ilustra este artículo está extraída de la entrada dedicada en Wikipedia a este personaje, el abad Oliba.


Nota. Hay autores de señalan que Wifredo y Bernardo eran hermanos mayores de Oliba, y que fueron condes cuando él renunció y paso a ser novicio de Santa María, pero esta afirmación se debería considerar como errónea, ya que teniendo en cuenta que los títulos nobiliarios, y las herencias en los condados, eran para el primogénito, él no podría haber sido conde, pues le habría correspondido al mayor de todos los hermanos. En consecuencia, al renunciar Oliba a ser conde y no haber más hermanos, el titulo volvió de nuevo a su padre y de éste pasó a sus tíos, que eran la continuidad natural de la línea de sangre.



martes, 27 de marzo de 2012

Los Doce Pares de Francia

Los Doce Pares de Francia eran, supuestamente, los caballeros de confianza de Carlomagno, y se les denominaba “Pares” por considerarse que estaban a la par que el rey en arrojo, meritos y valor, aunque no fuera reyes, con lo que su trato con el rey era de igual a igual, sin tener que baja la mirada, ni hacer referencias, ni demás formalismo de la corte, excepto de los del respeto mutuo.

Los Doce Pares fueron Roldán, Oliveros, Baldovinos, Arnald, el arzobispo Turpín, Terrin, Ogier de Dinamarca, Gualdabuey, Reinaldos de Montalbán, Salomón, Angelero y Estolt.

Acompañaron a Carlomagno en innumerables batallas, y parte de ellos de ellos murieron en la fallida invasión de Hispania por parte de su rey. Hechos que, junto con muchos otros, se cuentan en el libro de caballerías “Los Doce Pares de Francia”

En El Códice Negro no aparecen en sí los Pares de Francia, pues no son contemporáneos, pero sí algunos de ellos son protagonistas de los cantares de gesta que Leodovico canta al conde Wifredo, y también aparecen en boca de doña Agnès, a los que conoce por su educación en las proximidades de Paris.


Nota informativa sobre la imagen.

La imagen está extraída de Wikipedia, del artículo Cantar de gesta, y hace referencia a la entrega de la espada Durandarte a Roldán por parte de Carlomagno, uno de los elementos básicos de la mitología de Los Doce Pares de Francia en época de Carlomagno.



lunes, 12 de marzo de 2012

Doña Agnès de Carcassonne
La esposa del conde Wifredo de Berga

Doña Agnés es la segunda esposa del conde Wifredo de Berga, es más joven que él, y posee una deslumbrante belleza acrecentada por su larga cabellera rojiza, envuelta en unas sinuosas curvas que rivalizan con las de cualquier escultural y pétrea modelo clásica.

El matrimonio de Agnès con Wifredo lo ha sido por conveniencia, dentro de los pactos de familia que forjaban alianzas a ambos lados de los Pirineos, y por este motivo ella sabe que su papel no solo es acompañar a su esposo a los oficios religiosos y actos oficiales, o bordar estandartes para ofrecer a la tropa en sus regresos victoriosos de las campañas en la frontera.

Agnés sabe que la suya es una misión de Estado, no está en Berga por amor sino por una alianza política, y cuando la situación lo requiera, para mantener el orden de las cosas, ante conjuras o conspiraciones contra su esposo, no duda en meter al enemigo en su lecho y aplacar sus ánimos beligerantes con la lujuria de la carne; o bien rebanarle el cuello daga en mano, arma con la que tiene una gran destreza.

Como correspondía a una dama de su condición, su padre el señor de Carcassonne, desde bien pequeña y hasta que fue entregada al conde de Berga, la internó en un convento en las proximidades de París, para que fuera educada como debía. Allí fue instruida en artes y letras, como correspondía a su condición, y por deseo expreso de su padre, ya que su destino era el que era desde su nacimiento, tan solo faltaba conocer el señor que con ella se desposaría; también recibió saber en política, religión y el manejo de las armas.

Leodovico, tras un breve intercambio dialectico, creyó que procedía del norte de las tierras de los francos, por su acento al hablar le pareció que era de allí, pues como buen trotamundos procedente de ultramontes conocía bastante bien las distintas hablas de aquellos territorios. Pese a este suave acercamiento inicial, la relación de Agnès con el juglar fue tensa.


Información de la fotografía:

Tomada el 19 de agosto de 2007, a las 13:19, en el Castillo de Loarre – Huesca, con una cámara Canon EOS 40D, longitud focal de 28mm, velocidad en 1/3.3 seg, F 3.5 y ISO 1600.



sábado, 10 de marzo de 2012

La portada de El Códice Negro
Santos Justo y Pastor de Son

La portada, en blanco y negro, está basada en una fotografía, sobre la que después vino el trabajo de interpretación artística del ilustrador. Esta foto es del campanario de la iglesia románica del pueblo de Son, Son del Pi como se le conocía antiguamente, en Esterri d'Aneu, en los valles de Aneu, en la comarca de Pallarés Sobirá, en pleno Pirineo de Lleida.

Esta iglesia está dedicada a los Santos Justo y Pastor fue construida entre los siglos XI y XII, aunque hay fuentes que le dan una datación anterior. Formó parte de un conjunto fortificado del que conserva una torre de espaldas al campanario, el cual está construido en base a cuatro cuerpos separados por arquillos ciegos y bandas en esquinilla, con vanos de medio punto abriéndose en cada uno de ellos, al estilo del resto de las iglesias del Valle del Boí.

En su interior tiene una curiosa mezcla de estilos, pues su constricción está realizada en un sobrio lombardo, mientras que en su interior se conservan una pila bautismal por inmersión prerrománica, otra pila de estilo ya si románico de constitución circular; y en contraposición a lo anterior en el altar mayor se disfruta de un retablo glótico del siglo XV.

En el desarrollo de El Códice Negro, las trepidantes aventuras del conde Wifredo le llevan desde su Berga natal, hasta la lejana aldea de Son en los dominios de los señores de Urgell, siguiendo la pista al secreto de Leodovico.


Información sobre la imagen:
Tomada en Son el 21 de noviembre de 2005
Cámara Pentax, longitud focal de 35mm – f 2.6 – 1/200seg – 0.00ev No ha tenido ningún tipo de procesado de la imagen, para que pueda contrastar la diferencia con la que figura en la portada la novela.



miércoles, 7 de marzo de 2012

Leodovico. El juglar ultramontano

Leodovico es un tipo delgado y desgarbado al tiempo de aspecto fuerte, algo más alto de lo habitual para lo que es normal en la zona, de larga cabellara castaña y de rostro despoblado. Tiene aspecto del norte, tal vez normando o bávaro y halo, “frio”, de pertenecer a otro tiempo y otro lugar. A su llegada a la comarca sus ropas son poco más que harapos sucios, y sus pertenencias tan solo un laúd.

Llega a Berga como un juglar itinerante, reuniendo a los lugareños en torno a sus historias para conseguir alguna moneda o algo de comida a cambio de sus cantes y gestas de lejanos lugares e importantes señores, o de sus artes como malabarista y saltimbanqui. Su presencia llega a oídos del conde Wifredo, quien envía a varios de sus hombres para que lo lleven a su presencia, al castillo.

El juglar acepta a regañadientes, pues con él ese tipo de invitaciones no suelen ser habituales, pero tal vez su suerte esté cambiando y por fin pueda tener un señor que le de sustento a cambio de entretenimiento. Al llegar eso es lo primero que recibe algo de comer, a la espera de ser llamado por el señor del condado.

Wifredo no tarda mucho en mostrar su aburrimiento con lo cotidiano y querer noticias de lugares lejanos, las historias que debe saber un juglar, por lo que este comienza con lo que considera debe querer oír el conde. Historias de reyes y sus cortes, de nobles admirados, e incluso se lanza a recitar algún que otro verso. Pero el conde indica que no es eso lo que quiere, necesita historias de héroes.

Leodovico recurre entonces a la historias épicas, los cantares de gesta, las leyendas… caballeros valeros en la batalla, malvados crueles hasta el extremo, ante el ansia de más por parte del conde, esas otras historias si le gustan, y hacia tiempo no las oía contar tan bien como lo hacían los profesionales.

Pero esto dudará poco, con la incursión sarracena en la frontera de Berga el conde debe marchar con sus tropas en su defensa, y Leodovico quedará en el castillo con una pequeña guarnición, Fray Segundo y doña Agnès, la esposa del conde que se siente interesada por la novedad, y por la que deberá ir en misión de urgencia, enviado por el fraile, al monasterio de Santa Maria de Ripoll, donde conocerá al Oliba.

A la vuelta de la campaña en la frontera, Wifredo tendrá en su cabeza una duda: La Bocal Mundo. Que le será resuelta y desechada por Leodovico, que es conocedor de un secreto, mucho más importante y relevante, que marcará el futuro del juglar, de Wifredo y de toda la región.



sábado, 3 de marzo de 2012

De Trovadores y Juglares
Los cantautores y roqueros del Medievo

Con los trovadores y los juglares lo más habitual que se suele hacer el confundirlos, cuando son “profesiones” bastante diferentes.

Los juglares: Aparecen en Europa entorno al siglo X, son una mezcla de cantantes, músicos, saltimbanquis, malabaristas y contadores de historias y leyendas. Suelen ser ambulantes, aunque a veces se establecen en la corte o al amparo de algún señor feudal. Son de estrato social humilde, y en consecuencia autodidactas, alfabetos y se expresan en la lengua del pueblo. En ocasiones el juglar está más próximo al bufón que al artista. Aunque con el paso de los siglos los juglares van creciendo en su oficio, y en el siglo XIV ya en poco se diferencian de los trovadores, más allá de su itinerantica y ser de origen plebeyo. Para el siglo XV ya está en vías de extinción.

Los trovadores: Empiezan a aparecer a finales de siglo XI, aunque su momento de mayor esplendor fue durante el siglo XII y principios de XIII. En el siglo XIV ya estaban en franca retirada. A diferencia de los juglares son personas instruidas, pertenecen a la nobleza, escriben sus propios textos, empleando para ello el latín, e incluso crean estilos de poesía y de cante. Los trovadores no cuentan leyendas, ni tampoco hacen malabares, sino que escriben poesía y canciones con intención de sátira social, conquista amorosa, o crítica política, por lo que con esas temáticas se ganan muchas enemistades y necesitan una buena posición para no ser eliminados.

En El Códice Negro aparece Leodovico, un juglar, ya que cronológicamente no podía ser un trovador, primeros del siglo XI, aunque el autor se toma la licencia de poner a aquellos en boca de éste, pues ante la insistencia de doña Agnès de que le cuente historias galantes y le recite poesía, Leodovico le insiste en que él es un juglar y no un trovador, pues estos son quienes dominan tales artes, y en todo caso, aunque las conociera no las podría emplear, ya que le crearían una serie de enemigos de los que, por su posición, no se podría defender. No ocurre esto con Wifredo que quiere oír historias de batallas y leyendas de hazañas épicas, amenizadas con un poco de música para enfatizarlas. Como se comenta al principio, Leodovico es un personaje ambulante, errático, que, por circunstancias, está pasando unos días acogido por el señor de la comarca.



viernes, 10 de febrero de 2012

Los documentos de la abadía de Bergerac de Aquitania

Bergerac es una pequeña población de Aquitania, en la ribera del rio Dordogne, a la que Leodivico pretende marchar de viaje para ayudar a Wifredo en sus planes, ya que tiene en ella unos viejos amigos, monjes, en la abadía de la localidad, quienes le deben una serie de favores de tiempo atrás, y considera que ha llegado el momento de cobrarlos en favor de su amigo.

En ella se almacenan una amplia variedad de documentos en forma de pergaminos, códices, legajos, coincidiendo esto con la necesidad de Wifredo de unos documentos que esos monjes están en condiciones de facilitarle, gracias a la intercesión de Leodovico, quien para conseguir la antigüedad que necesitan tiene un plan, que irá mucho más allá de todo cuanto puedan deberle los eclesiásticos.

Nota del autor. Curiosamente, ahora que escribo este texto me doy cuenta de que de esta localidad era natural Hércules Savinien de Cyrano, más conocido como Cyrano de Bergerac, gracias a la novela homónima de Edmond Rostand, aunque esto, como es natural, nunca tuvo nada que ver con su elección, dado el desconocimiento de esta circunstancia, sino que el motivo de la elección de esta localidad y no otra fue su nombre, de ahí el interés de Leodovico por los documentos de la abadía, tal como se detalla en la propia novela.