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jueves, 19 de septiembre de 2019

Las elecciones del 10 de noviembre de 2019 versus los cuernos de Ginebra y Lanzarote

Lanzarote al saberse descubierto comenzó a gritar aterrado y despavorido: “¡¡El rey, sin espada; la tierra, sin rey!!!”

Estos últimos días todo el mundo anda como pollo sin cabeza, de aquí para allá, con una única cantinela: elecciones el 10 de noviembre, las cuartas elecciones en cuatro años, dos elecciones en el mismo año, todo un año sin gobierno, y un largo etcétera de frases similares, lo cual me ha recordado a una escena de la película Excalibur de John Boorman.

Concretamente la secuencia en la que la reina Ginebra y Lazarote yacen en el suelo, en el campo, tras una noche apasionada, en la que a Arturo le dolió mucho la cabeza sin saber porque, ya que durante la cena sólo bebió agua. A la mañana siguiente, el rey, llevado por el insomnio provocado por la migraña, salió a dar un borneo mañanero ¿y qué se encontró en mitad del campo? La explicación del porque le costó trabajo ponerse el yelmo de la armadura: a su amada esposa, Ginebra, y a su mejor amigo y más valeroso caballero, Lanzarote, acurrucados en sospechosa aptitud. A lo que Arturo respondió dejando clavada su espada Excabilur entre ambos. Al despertar a la reina le entró un repentino decoro y sensación de vergüenza, y Lanzarote al saberse descubierto, y por la espada conocer el cabreo de su ex amigo, comenzó a gritar aterrado y despavorido: “¡¡El rey, sin espada; la tierra, sin rey!!!”

...y así parece que está el personal en España, despavorido y aterrado a voz en grito “¡¡El rey, sin espada; la tierra, sin rey!!!”, aunque sin el festín lúdico-carnal previo a esas exclamaciones de la exposición anterior.

Aunque seguro que la pregunta en este momento es otra ¿qué hace un comentario supuestamente político en este blog literario? Sencillo ¿te gustan las historias en las que hay espadas clavas en piedras?

Si tu respuesta es afirmativa, entonces te puede resultar interesante pasar de la política pasando unos buenos ratos leyendo El Códice Negro, ya que en él encontrarás más de una espada en una piedra clava (o eso dicen). Ah, y si ese detalle no te llama mucho la atención, hay muchas más cosas interesantes en El Códice…


domingo, 2 de septiembre de 2012

Rolando, Roldán, Orlando, Roland, o los 1.000 nombres del sobrino de Carlomagno

Roland es históricamente el sobrino del emperador Carlomagno y uno de los doce Pares de Francia. Aunque poco más se puede decir de él, ya que el personaje se va diluyendo en los cantares de gesta, en la novela de caballerías e incluso en un pseudogénero de sí mismo, con una gran cantidad de literatura, una más renombrada que otra, que le tiene como epicentro empleando los distintos nombres con los que se le conoce, como pueden ser Orlando de Virginia Woolf, Orlando Furioso de Ludovico Ariosto, Orlando Enamorado de Matteo Maria Boiardo, El Bernardo de Bernardo de Balbuena, etc.

Otra variante de las historias de Orlando viene de la mano de su espada, una especie de Excalibur a la gala, la famosa, aunque menos conocida que su colega, Durandal, también en una roca clavada a la muerte de su dueño, y cuyo “poder” no proviene de las artes de magos y druidas sino de las reliquias cristianas que guarda.

La mitología de Roldán es muy variada, ya que despeñó rocas en batallas, combatió en Tierra Santa, guerreó en tierras hispanas, participó en Las Cruzadas, fue rey de Francia, murió en Roncesvalles a manos de los visigodos, estuvo en el sitio de Zaragoza, pasó por El Bierzo, abrió pasos en las montañas, partió rocas con su espada, también murió en Jerusalén, tuvo andanzas por Italia, etc.

En El Códice Negro, Rolando aparece de boca de Leodovico, cuando éste a requerimiento de Wifredo le cuenta cantares de guerras, de caballeros, de héroes, de hazañas épicas, y en algunas de ellas el sobrino de Carlomagno es un personaje destacado y en otras el protagonista. También doña Agnès conoce historias de Rolando, tanto las que recita el juglar como las de su espada en Rocamadour, aunque ella las conoce en la lengua de francos del norte, por su educación conventual en las proximidades de París.

Información de la imagen:
Extraída de Dialnet, de la entrada correspondiente a El cantar de Roldán, en traducción de Benjamín Jarnés y editado en 2003 por Alianza Editorial. Para ir esta ficha pulse aquí.