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jueves, 13 de mayo de 2021

León: el reino 2 veces robado por Castilla


En este 2021 se cumplen y celebran los 800 años del nacimiento, en Toledo, de uno de los reyes castellanos por antonomasia: Alfonso X El Sabio. ¿X? Llevar el “décimo” como ordinal, llamarse Alfonso y ostentar el título de rey de Castilla, son tres elementos que no casan muy bien, que se diga.



El primer robo del Reino de León

En el transcurso del siglo XI, a principios, Sancho III El Mayor se hace con el Reino de León tras vencer a Bermudo III, que se exilió en Galicia como rey de aquel territorio y reclamador de León del que fue expulsado por el navarro. En 1035 tiene lugar el fallecimiento del rey de Navarra, y con ello el reparto de sus territorios entre sus hijos. A Fernando le correspondió el Condado de Castilla, pero estaba casado con Sancha, hermana de Bermudo.

Por lo que Fernando se postuló como rey de León haciendo uso de los derechos al mismo de su esposa, lo que le llevó de nuevo a la guerra con su cuñado, al que mató en la batalla de Tamarón. Tras lo cual se proclamó, ya sin otros pretendientes al trono, Rey de León en 1037.

...y así tenemos que un conde, aunque hijo de rey, se hizo con el control y el poder de un reino mucho más importante (incluso más importante que el reino de su padre), mucho más grande que su condado, con mucho más poder militar e influencia política… el trepa, arribista y usurpador pasó a la historia como Fernando I el Magno.

Los años y los reyes se fueron sucediendo, y ya fuera con la dinastía Jimena o con la de Borgoña, el Reino de León, y el Reino de Castilla (que pasó de condado a reino cuando Fernando I lo legó a su hijo Sancho, que pese a ser el primer rey de Castilla, lleva “dos palotes” en su ordinal); unas veces estuvieron unidos bajo un mismo monarca y otras iban cada uno por su lado, aunque con los gobernantes emparentados. Hasta llegar al segundo y definitivo robo.

El segundo robo del Reino de León

En 1230 falleció el que sería el último rey de León con tal título como honra principal: Alfonso IX. Entre su descendencia se encontraba el que en ese momento era el rey de Castilla, Fernando III (otro con “palotes” de más), su hijo. Quien dijo heredar el Reino de León y lo unió al de Castilla, dando así lugar a la Corona de Castilla.

La cuestión aquí es “dijo heredar” ya que había sido desheredado por su padre, quien en su testamento mandó, de forma expresa, que su hijo Fernando no podría, bajo ningún concepto, heredar el Reino de León. Siendo las legítimas herederas del mismo sus hijas las infantas Sancha y Dulce.

Por lo que se sucedieron las conjuras, intrigas y conspiraciones palaciegas que concluyeron en la Concordia de Benavente, pacto por el que Teresa, portuguesa y primera esposa del rey fallecido, renunciaba a los derechos de sus hijas al trono de León. Lo que daba como resultado que quien quedaba como aspirante a soberano de ese reino era precisamente el incapacitado para ello por deseo en vida de su legítimo rey.

Alfonso VIII de Castilla: el rey que nunca existió

Vamos que existir, existir, es suponer que existió, así lo atestiguan los libros de historia, pero ¿VIII de Castilla? No, Alfonso I de Castilla, para ser VIII en Castilla debería haber habido un VII, y un VI, y un V, y un IV… pero no hubo reyes “Alfonsos” en Castilla antes de él.

Se le da «VIII» siguiendo la nomenclatura o cronología de los reyes de León, pero no fue rey de León, solo reinó en Castilla. ¿Qué pertenecía a la misma casa real? Sí. ¿Qué era nieto de un rey de León? Cierto. Pero como rey de Castilla y ser el primero de ellos con su nombre, su ordinal debería haber sido “I” (un solitario palote).

Es decir, que los reyes de Castilla teniendo algún tipo de complejo de inferioridad, porque su reino se crea en el 1065 y el de León hay que ir a buscar su origen allá por el siglo VIII con don Pelayo; decidieron usar la nomenclatura de los reyes leoneses como un elemento de categoría y postín, ya que como todo el mundo sabía el REINO, con todas las mayúsculas, era León mientras que Castilla eran cuatro villorrios en sendos riscos que habían tenido una suerte que aún no la creían.

Volviendo con Alfonso X El Sabio

El primero de los reyes de la Corona de Castilla tras la última unión, el hijo del desheredado. El llamado “Sabio” hizo honor a su apelativo, pues, aunque ha pasado a la historia como Alfonso X, unas veces a secas y otras de Castilla, él sí sabía quién era, y sus títulos en la Corona eran Alfonso X de León y II de Castilla. Ojito al dato, entre Alfonso VIII de Castilla y el Sabio no hay ningún Alfonso más por en medio. Es decir, que este señor sí distinguió sus títulos por cada uno de los reinos. Aunque después de él, ninguno más lo volvería a hacer.

Incluso en “Alfonsos” tan recientes como XII y XIII siguen con las cronologías de los reyes de León, cuando desde la llegada al trono de Felipe V ya dejaron de existir los “reinos” y todo fue España. Con lo que deberían haber sido Alfonso I y Alfonso II de España, y el mismo Felipe de Anjou, al hacer ese artificio jurídico de absolutismo francés en “las Españas” debería haber pasado a ser Felipe I de España y no continuar con los ordinales de los Austrias.

El primer robo de León en El Códice Negro

En El Códice Negro al Reino de León se hace mención al ser el ente político cristiano más importante de la Península en ese momento, y por lo tanto de una o de otra forma está presente pues su influencia se hace notar. Aunque lo que sí es un elemento importante en su historia es el fallecimiento del rey navarro Sancho Garcés III El Mayor, en ese momento emperador de toda Hispania, en el año 1035, y con ello el reparto de sus territorios entre sus hijos: Fernando se queda con Castilla y aspira a León, García continúa en Navarra, el Sobrarbe y Ribagorza fueron para Gonzalo, y Ramiro dio lugar al nacimiento del Reino de Aragón.


Nota: La imagen ha sido extraída de la web iLeon.com


lunes, 21 de diciembre de 2020

Los reyes de “El Cid” de Amazon los tienes en El Códice Negro

Una visión diferente de los tres hermanos reyes que dominaron la Península Ibérica en el siglo XI

El 18 de diciembre se estrenó en Amazon “El Cid”, una serie en la que se cuentan la vida, hazañas, tal vez también las miserias, y no se si los “milagros”, de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, héroe casi mítico de la Reconquista, que en el siglo XI estuvo al servicio de Fernando I de León, Sancho II de Castilla y Alfonso VI de Castilla entre otros monarcas cristianos y moros.

En serie de Amazon aparecen el ya mencionado Fernando I, y sus hijos, entre los que destaca Sancho al ser el heredero al trono; también se presentar a Ramiro I de Aragón, hermano de Fernando; y se nombra a García rey de Navarra, aunque ya no acto de presencia ya que falleció en 1054 a manos de su hermano rey de León, en la batalla de Atapuerca. Los tres eran hijos de Sancho Garcés III rey de Navarra. Y cuarto que tuvo menos repercusión en la historia, Gonzalo, que fue conde de Ribagorza y Sobrarbe, vasallo de su hermano Ramiro.

Sancho III, además de rey navarro, era soberano de las tierras de Aragón, por entonces condado; titular del condado de Castilla por vía matrimonial; y monarca de León por conquista al derrotar al último rey de estirpe asturiana, Bermudo III.

El Cid no está en El Códice Negro pero sí sus reyes

Pues bien, todos estos personales también aparecen en El Códice Negro, que desarrolla casi 30 años antes que la historia que se cuenta en la serie de Amazon “El Cid” en su primera temporada, en el año 1035. Año del fallecimiento de Sancho III El Mayor, de la creación del Reino de Aragón con su primer, rey Ramiro I; de la independencia de Castilla, de la mano de Fernando; y de la coronación de García en Pamplona. Es decir, aunque no aparece el Cid, con la muerte del rey Sancho y la proclamación de sus hijos, comienza la historia. El origen.

Si te ha gustado El Cid de Amazon entonces El Códice Negro es tu siguiente aventura, y si no te ha gustado la serie, en ese caso en esta novela tienes una nueva historia que tal vez consiga quitarte el regusto que te haya dejado lo visto en televisión. ¿Te lo vas a perder?


sábado, 26 de septiembre de 2015

La batalla campal en la Edad Media

El equivalente medieval de los misiles balísticos intercontinentales, no era un “arma” táctica sino estratégica

El cine y la televisión ha recreado la batalla campal como un “clásico” medieval, donde las disputas y contiendas varias eran resueltas en una batalle épica donde soldados, caballeros y reyes luchan hombro con hombro para derrotar al enemigo, pero nada más lejos de la realidad.

En la Edad Media lo habitual eran las escaramuzas de frontera; las cabalgadas por territorio enemigo para destruir cosechas, pueblos, robar alimentos y riquezas, conseguir esclavos, hacer con prisioneros valiosos por los que pedir un rescate; las emboscadas sobre pequeñas unidades militares o personalidades que se desplazaban de un sitio a otros; los asedios sobre castillos o ciudades para conseguir tomar la plaza sin necesidad de hacer uso de una fuerza excesiva, etc. Lo habitual era huir de la batalla campal.

Este tipo de confrontación tenía lugar en contadas ocasiones, se empleaba para frenar invasiones, para poder fin una guerra larga que lleva a un continuo de escaramuzas que sembraba una devastación prácticamente sin fin, y situación similares. Entonces se recurría a la batalla campal, que era el equivalente a los misiles nucleares balísticos intercontinentales, no se trataba de un “arma” táctica sino estratégica.

Batallas de aniquilación en las que podían sucumbir reinos e imperios

Cuando un gobernante se planteaba una batalla campal estaba poniendo sobre el tablero no una victoria o una derrota más o menos honrosa, o más o menos humillante, estaba jugándose el futuro de su reino, condado, ducado, o la denominación que tuviera el territorio que controlaba. Pues entorno a un campo abierto se iban a reunir todas sus tropas: infantería, caballería ligera, caballería pesada, artillería (de existir), órdenes militares, nobles vasallos, clero militarizado, arqueros, etc. Enfrente tendrían un enemigo en las mismas condiciones. Y una vez indicia la lucha sólo podría quedar uno, como en Los Inmortales, un solo ejercito, siendo el riego tal que ni el propio gobernante tenía garantía de salir vivo.

Eran batallas de aniquilación en las que los muertos, sin distinción de rango, se contaban con decenas de miles o incluso cientos de miles, en las que reinos e imperios podían cambiar de manos, y por lo tanto se empleaban, no tan alegremente como en el cine, sino cuando eran el último recurso.

Algunos ejemplos de este tipo de confrontación serían “La batalla de Gaugamela”, que no es propiamente una batalla medieval ya que cronológicamente se incluye en el Mundo Antiguo, pero sí fue una batalla campal en sentido estricto y en la que se ve como dos grandes ejércitos se dirigen hacia la destrucción total de uno de ellos, y también como a la finalización de la misma un imperio, el Persa, cambia de manos; o “Las Navas de Tolosa”, en esta ocasión otra batalla en la que se enfrentan prácticamente todos los efectivos de los dos bandos combatientes, uno de ellos, el cristiano, en clara desventaja con respecto al otro, pero que tras una gran carnicería, el vencedor consigue que se desmorone la estructura militar, política y territorial del enemigo.


sábado, 20 de abril de 2013

Imperator Totius Hispaniae:
el título más deseado

Imperator Totius Hispaniae o Emperador de toda España, fue un titulo originario del Reino de León, cuyo rey lo ostentaba y era coronado emperador en los periodos históricos en los que conseguía la supremacía entre el resto de territorios hispánicos y la pleitesía de sus respectivos señores.

Comenzó a ser empleado por los reyes de León en el Siglo X, dada la importancia territorial, militar y política que en aquel tiempo ya había tomando este reino, siendo algunos de sus titulares más significativos y representativos Alfonso III, Alfonso VI y Alfonso VII, siendo, posiblemente, este último de quien más documentado este el acto de su coronación como emperador, y por ello se tienen también una detalla constancia de la amplia relación de nobles de las Hispanias que fueron a rendirle vasallaje (todos, incluyendo reyes moros), y de representaciones de potencias ultramontanas que mostraron sus respetos.

Hubo algunos otros que también ostentaron el título de Imperator Totius Hispaniae, como algún rey de Castilla que quiso pasar por pseudoleones, pero sin pena ni gloria, y el rey de Navarra Sancho III El Mayor por la vía de la conquista, aunque su reinado fue algo efímero, al conquistar la ciudad y el reino de León a Bermudo III que tuvo que refugiarse en el único de sus territorios que pudo conservar, el Reino de Galicia.

En El Códice Negro aparece el Imperator Totius Hispaniae pues la época de su desarrollo, el año 1035, coindice con la muerte del mencionado rey de Pamplona, Najera, León, Castilla, Aragón, La Ribagorza y El Sobrarbe.


Información sobre la imagen:
La imagen que encabeza este artículo ha sido enlazada desde la web Catedrales Góticas en el artículo dedicado en la misma al Reino de León




martes, 6 de noviembre de 2012

Sancho, rey de Navarra y abuelo de los reinos de Aragón y Castilla

Padre de García, rey de Navarra, y de Ramiro, rey de Aragón (y de Fernando, futuro rey de León, y de Gonzalo, conde de la Ribagorza y Sobrarbe)

Aunque en los libros aparece como Sancho III El Mayor y también es conocido como Imperator totius Hispaniae, dada la extensión de sus posesiones, pues fue rey de Navarra, aunque en su tiempo aún no la llamaba así, y los condados de Aragón, La Ribagorza y El Sobrarbe eran suyos, y también Castilla que por entonces era condado y no reino, y por supuesto León, pero no al completo.

Tan solo escapaban a su poder los territorios musrey de Navarra y abuelo de los ulmanes pendientes de conquista, el reino de Galicia, donde se había refugiado el rey Bermudo de León, y los Condados Catalanes, que aunque no le pertenecían, es más, eran independientes, tampoco es que tuvieran mucho interés en “toserle”, por lo que pudiera pasar.

Como buen rey de la época que se preciase, tenía una buena camada de hijos, Alfonso, García, Gonzalo y Ramiro. Siendo por ese orden, a su muerte, el primero coronó como rey de Castilla, y así nació el reino y desapareció el condado, mientras que por su parte García fue rey de Navarra (que seguía sin llamarse así), saltamos al siguiente en reinar que fue Ramiro, el primero de los de Aragón pues con él se dio por finalizado el condado, y por último Gonzalo que no fue rey sino conde de La Ribagorza y El Sobrarbe al tiempo que aliado-vasallo del recién proclamado aragonés.

Murió un rey y nacieron dos nuevos reinos, aunque León se le escapó de la familia, pues nada más hubo sabido de su fallecimiento, Bermudo, el tercero y también último de los de Asturias, y sus huestes volvieron a tomar el control de todo el reino del purpureo felino pasante, pero esta ya es otra historia.

La historia que interesa para este artículo es porqué Santo III El Mayor aparece en El Códice Negro, y este motivo no es otro que el año 1035, muy prolífico en hechos relevantes para el mundo de su época, y uno de ellos fue, como ya se ha dicho, la muerte de este rey. Con ello sus hijos buscaron apoyos entre los señores de los territorios próximos una vez fueron coronados reyes.

En este sentido el ya Ramiro I de Aragón envía una embajada a los Condados Catalanes con el fin de recabar apoyos para su causa, a quienes pide vasallaje a cambio de protección. El embajador es recibido por Wifredo en Berga quien no acepta lo ofrecido, y también se entrevista con Guillermo de Besalú para hacerle la misma propuesta, quien además de darle idéntica respuesta que su tío, le auguró que nadie en los Condados la aceptará.

Aunque hay que recordar, pese a que en El Códice Negro no aparece pues no tiene lugar, que Ramiro I sí contó, históricamente, con apoyos en los Condados Catalanes, concretamente Armengol de Urgell, que no fue vasallo, como se propone en la novela, sino aliado, pues además en aquel tiempo este último era tan poderoso, o incluso más si cabe, que el propio Aragón, recién nacido como reino. Culminado esta colaboración con una unión familiar, al desposar su hija Sancha con el propio Armengol y su hijo Sancho Ramírez con la hija de aquel. Aunque lo que realmente hizo que su reino fructificara fue su matrimonio con la hija de Bernardo Roger de Foix, una de las casas condales más poderosas de la época, y antagonista, junto con Urgell, de la de Barcelona, que era considera como un riesgo, para ambos, tanto por el nuevo rey como por su yerno y obispo.


Información sobre la imagen:
Escudo de los reyes de Navarra, y por lo tanto del reino, hasta de batalla de Las Navas de Tolosa en 1212, tras la cual, y por mediación de la portentosa actuación del rey Sancho VII, se incorporaron al escudo las cadenas de Muhámmad al-Násir “El Miramamolín”, que desde entonces luce.